RESULTADOS DEL FUTURO

(Publicado en Biendateao.com el 22-9-2016) http://www.biendateao.com/nerio-romero-resultado-del-futuro/

 

Ese día estaba en la intersección de la avenida Delicias con la calle 73 de Maracaibo, en uno de esos repetidos y agotadores recorridos en busca de productos esenciales que se han hecho obligatorios para quienes vivimos en Venezuela. Había estado en una de las esquinas, en la que visité  una gran farmacia: allí tampoco conseguí ninguno de los medicamentos que buscaba pero me alegré de conseguir agua embotellada, a precio estratosférico pero que lucía cristalina, lo cual es una modesta alegría en estos días en que nuestros grifos permanecen secos o dejan salir ocasionalmente agua de dudoso color. Y al atravesar la calle hacia la esquina diagonal me encontré en una venta de pollo en la que tuve esa vez la fortuna de encontrar algunas piezas en una presentación adecuada a nuestras necesidades domésticas aunque, eso sí, a precios que me obligaron a llevar a su límite la agobiada tarjeta de crédito que portaba.

Y mientras conversaba con los dependientes, cómo podría no hacerse tal cosa, sobre la aberrante relación entre el monto a pagar por aquellas modestas piezas de pollo y lo que gana cualquier ciudadano común y corriente (creo que sumaba el equivalente a una semana de salario mínimo, o a cuatro días de bono alimentario), mi atención se fijó en el edificio del frente, en el cual se encuentra actualmente un hotel, y me hizo recordar que allí estuvo mi primera residencia estudiantil a comienzos de los años setenta. Había también al lado de la mía una residencia femenina, y ambas casas fueron consolidadas en una sola construcción junto con la que ocupaba Tostadas El Aripo (donde solíamos desayunar los estudiantes con frecuencia en aquellos sarampionosos años) para servir de sede al hotel. La espera para pagar, mientras veía el hotel cuya fachada me permitía imaginar las respectivas siluetas de nuestras residencia y de El Aripo, me trasportó a 1973, cuando muchos jóvenes anduvimos en la calle protestando contra el derrocamiento de Salvador Allende en Chile. Recordé nuestro dolor, de motivación absolutamente noble, ante ese hecho, y la ansiedad con la que escuchábamos una radio de onda corta con la vana ilusión de que se confirmara que un general de apellido Pratt, leal a Allende, avanzaba hacia Santiago al frente de soldados, obreros y campesinos para desalojar del poder a los militares que habían consumado el golpe de estado. Eso era lo que se comentaba, con ribetes épicos, en los grupos y discursos de la izquierda universitaria, y constituía para nuestras almas juveniles la esperanza de que no se perdiera el proceso de transformación de Chile hacia el socialismo, que nosotros asociábamos con la esperanza de un futuro de justicia, y que deseábamos ardientemente también para nuestro país. Era una lucha, la veíamos así, del bien contra el mal, en la que unos justicieros venían a implantar la igualdad pero eran impedidos y asesinados por unos privilegiados que querían sostener la desigualdad y la explotación del hombre por el hombre. Así de simple. Hoy, a más de cuarenta años de distancia, sabemos al menos que la realidad de Chile fue en aquellos años mucho más compleja que eso y que entre otras cosas, aquel proceso revolucionario que se autoproclamaba democrático sometió a su propio país a la disgregadora influencia de Fidel Castro y lo arrojó irresponsablemente a la diabólica dinámica de la guerra fría.

Historiadores y analistas habrán escrito y continuarán escribiendo mucho sobre la dinámica y detalles de ese proceso político que terminó con un violento golpe de estado y una dictadura sangrienta. Pero para mí el más interesante aspecto, por lo que enseña, ha sido conocer los resultados que tuvieron en Chile la exagerada intervención del gobierno de Allende en la economía, y la política de expropiaciones dirigidas a cambiar el modelo de propiedad de los medios de producción: escasez, y colas para adquirir lo más esencial. Y bachaqueros, que allá se llamaron coleros. La conexión entre los recuerdos del conflicto de Chile antes del golpe de Pinochet y lo que estamos viviendo en Venezuela, es demasiado clara y demasiado triste. ¡Qué ironía! Qué iba a pensar yo en mi juventud universitaria, mientras protestaba en la calle y escuchaba con ansiedad las noticias radiales, que cuarenta años después estaría en ese mismo lugar en el rol de un ciudadano angustiado por no conseguir las cosas esenciales para la vida, condenado en mi propio país a gastar tanta energía en defenderse de la escasez y la inflación ocasionados por un proyecto político tan temerario y equivocado como el que encabezó entonces el presidente Allende.

Nerio Enrique Romero

Médico y profesor universitario

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Historia Breve de Perijá N° 21

MERECIDO HOMENAJE A ANA CECILIA PEÑA VARGAS

Este lunes 09 de mayo de 2016, en la ocasión de estar celebrando el 294° aniversario de la fundación de la Villa del Rosario de Perijá, las instituciones municipales de la ciudad estarán rindiendo un merecido homenaje a una de las perijaneras más ilustres, la Señora Ana Cecilia Peña Vargas. Hija de Servio Tulio Peña, perijanero destacado por sus decisivos y progresistas aportes al sector agropecuario y al desarrollo de las ciudades y poblaciones perijaneras, Ana Cecilia nació en 1943 en Machiques de Perijá, y completó estudios de licenciatura en letras en la Universidad Católica “Andrés Bello” en Caracas, y de doctorado en la Universidad de los Estudios de Florencia, en Italia.

Para fundamentar el homenaje que se le rinde, en el cual se le impondrá la Orden “Don Juan de Chourio” en su Primera Clase, bastaría con mencionar el monumental aporte que Ana Cecilia realizó al conocimiento de la historia de los tiempos fundacionales de la región de Perijá, y a la historia del Zulia, a través de sus dos principales obras hasta ahora:

1) Misiones Capuchinas en Perijá. Documentos para su Historia 1682-1819. Serie Fuentes para la Historia Colonial de Venezuela. Dos tomos: vols. 228 y 230. Biblioteca de la Academia Nacional de la Historia. Caracas, 1995, y

2) Nuestra Señora del Rosario de Perijá. Documentos para su Historia 1722-1818. Serie Fuentes para la Historia Colonial de Venezuela. Tres tomos: vols. 239 al 241. Biblioteca de la Academia Nacional de la Historia. Caracas, 1998.

 Son dos grandes obras, fruto de una ardua, extensa y ordenada investigación documental, realizada con el espíritu de un buscador de tesoros en el Archivo General de Indias de Sevilla (España) y en otros importantes archivos históricos de Venezuela y Colombia. El resultado de este maravilloso trabajo, compilado en cinco tomos, está a la orden de los perijaneros y en general, de las personas interesadas en el conocimiento de la historia de Perijá, el Zulia y Venezuela. En él, lectores e investigadores encontrarán 592 documentos de los siglos XVII, XVIII y XIX, transcritos integral o parcialmente de sus originales que reposan en los archivos históricos, y distribuidos en más de 2300 páginas; y además, encontramos también bien documentados análisis y relaciones historiográficas de la autora sobre el desarrollo de la etapa histórica fundacional del actual Perijá comprendida entre 1682 y 1819.

Tales documentos históricos, que son de gran variedad, incluyen entre otras cosas: reales cédulas (que eran los documentos a través de los cuales el monarca comunicaba sus decisiones); informes y solicitudes dirigidas a los gobernadores, al Consejo de Indias, al rey o a las autoridades eclesiásticas y misioneras; comunicaciones oficiales e informes del fundador Don Juan de Chourio, de cabildos, así como de diversos funcionarios civiles y eclesiásticos; nombramientos de regidores, alcaldes y otros funcionarios de Perijá; padrones eclesiásticos y censos, en diferentes momentos, de la villa de Perijá y los pueblos misionales (incluidas en éstos las familias indígenas); las listas de familias traídas de las Islas Canarias; el testamento de Don Juan de Chourio, y las primeras ordenanzas de gobierno que tuvo la región de Perijá; y muchos otros tipos de documentos que sería muy largo enumerar, y que entre todos encierran una gran riqueza de información sobre los hechos históricos y la vida de nuestras gentes en aquellos años.

Los perijaneros, y por extensión los zulianos, debemos a Ana Cecilia Peña Vargas la existencia de estas obras, cuya calidad motivó a la Academia Nacional de la Historia de Venezuela a publicarlas en 1995 y 1998. Este próximo lunes 9 de junio del 2016 las instituciones municipales de la Villa del Rosario de Perijá manifestarán a la autora su admiración y agradecimiento confiriéndole su más elevado galardón. ¡Honor a quien honor merece!

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2016: CONTENCIÓN, CONTROL, CORRECCIÓN y CAMBIO POLÍTICO

Por: Nerio Enrique Romer0

Publicado en: Biendateao.com 4 de enero, 2016 http://biendateao.com/nerio-romero-2016-contencion-control-correccion-y-cambio-politico/

Un amigo en la cola del 6D me comentó con entusiasmo que lo primero que tenía que hacer la Asamblea Nacional a partir del 5 de enero era quitarle la octava estrella a nuestra bandera. Otro, por su parte, dijo que lo primero era  convocar un revocatorio al actual presidente. Escuché a muchos otros, sin embargo, decir que querían un parlamento que pusiera freno a los desmanes políticos y disparates económicos del actual gobierno, y condujeran con tino al país hacia un cambio en paz. Me siento en mayor sintonía con éstos últimos, no porque no quiera cambiar al gobierno, sino al contrario, porque no se ponga en peligro el cambio, que no está lejos. Diecisiete años de abusos de un régimen sin escrúpulos, que ha detentado un poder político, e incluso económico, absoluto, hacen que millones concibamos en nuestras mentes miles de cosas que son “lo-primero-que-hay-que-hacer”. Gran reto para la dirección política democrática: creo que tiene el complicado trabajo de ponerse de acuerdo en los objetivos tácticos más prioritarios para los próximos meses, y mantener el corazón caliente y la cabeza fría para persistir en ellos hombro con hombro. Objetivos tácticos que deben ser seleccionados en base a su factibilidad e impacto, en ese orden. A nuestro juicio, esos objetivos tácticos se resumen en cuatro categorías según el propósito que persiguen, y creemos que los propósitos, también en ese estricto orden de prioridad (no necesariamente orden cronológico) deben ser: contención, control, corrección y cambio político. La táctica, recordemos, es el arte de poner en orden las cosas. ¿Habrá algo que nos haga más falta ahora?

Contención: son los objetivos tácticos más inmediatos, más esenciales, más factibles, y serán de gran impacto. Buena parte de ellos pueden estar ya cumplidos al mediodía del 5 de enero, al no tener el madurismo el control del parlamento. Significa evitar que el actual gobierno continúe imponiendo normas autoritarias e inconstitucionales, y copando los poderes públicos con funcionarios dóciles a sus designios, arropando todo eso con un manto legal. Ya no podrán seguir aprobando leyes habilitantes, leyes orgánicas ni de ningún tipo, ni nombrando más magistrados, fiscal, defensor, rectores electorales, contralor, ni directores del Banco Central que sean sumisos a la cúpula del gobierno; tampoco imponiendo convenios internacionales sólo beneficiosos para sus aliados políticos del exterior, muchos de los cuales han sido hasta ahora ruinosos para Venezuela. Para lograr esta contención, a la oposición democrática le bastará con permanecer firme y unida. Opino que por ser esenciales y factibles, la capacidad para el logro permanente de estos objetivos tácticos debe preservarse con prioridad, y no ser puesta en riesgo por impaciencia. ¿Que el madurismo tratará de romper esa contención recurriendo a toda suerte de trampas y piruetas? Eso es de esperar, pero la tendrá cada vez más difícil.

Control: estos objetivos tácticos tienen un grado mayor de dificultad porque se trata de hacer algo, en sentido positivo, y no sólo de impedir que se cometan abusos legislativos. Se resumen en forzar al gobierno actual a cumplir su obligación de rendir cuentas, lo cual será difícil pero perfectamente factible de inmediato mientras el madurismo quiera salvar la cara ante el país y ante el mundo. Cualquiera, partidario del gobierno o no, entenderá que se cite a un ministro para pedirle cuentas, y reprobará la negativa del gobierno a entregarlas. Tampoco la consecución de este objetivo táctico debería ser puesta en riesgo por impaciencia, o por la dispersión de las fuerzas democráticas en cuanto a los temas y asuntos más importantes a enfocar. Opino que debe darse prioridad a los temas cuyo control podría redundar en una mayor reducción del despilfarro y en una mejoría temprana de la economía popular y los servicios públicos esenciales. Unidad, foco y persistencia serían los requisitos más importantes para tener éxito en estos objetivos.

Corrección: aunque son objetivos tácticos que también deben emprenderse en lo inmediato, requieren estar conscientes de que su logro en última instancia dependerá generalmente de que quienes están ahora en funciones ejecutivas (nacionales, regionales o locales) acepten, o se vean forzados a aceptar, las normas legislativas que se produzcan. Por eso mismo, sería contraproducente producir gran cantidad de leyes cuyos resultados la gente podría no ver pronto cumplidos, porque eso podría ocasionar desgaste político a las fuerzas democráticas que liderarán el parlamento. En este caso, enfocarse bien en un conjunto definido de leyes de alto impacto para corregir los desaguisados legislativos del régimen, será esencial. Creo que la prioridad inicialmente debería estar en cambiar las leyes que limitan los derechos humanos (expresión y libre tránsito, y cadenas oficiales, por ejemplo) y en las que asfixian la economía y han favorecido su monopolio por las burocracias gubernamentales. En cuanto a leyes laborales, no creo conveniente enfocarse ahora en un asunto como el de las prestaciones sociales, que es un problema económico sobre todo por el efecto que sobre ellas tiene la inflación, y no tanto por la ley misma; en cuanto a la inamovilidad laboral, un cambio de la inamovilidad personal por la inamovilidad numérica podría ser una fórmula de transición que sería bien acogida por casi todos los sectores en el mundo del trabajo, y tendría un significativo impacto en la productividad, el ambiente laboral y la virtud ciudadana.

Cambio político: no es uno, sino el logro de múltiples objetivos tácticos los que conducirían a una transición a la plena democracia en Venezuela. Por su complejidad, y por los múltiples factores de poder en ellos envueltos, no creemos manejar todos los elementos que harían falta para proponer una jerarquización de dichos objetivos tácticos. Sin embargo, creo que todos coincidimos en que los objetivos estratégicos son la democratización político institucional y la recuperación socio-económica del país. A corto o mediano plazo, eso pasará por un cambio de gobierno; y aunque hacía allá tenemos que tener orientada la visión estratégica, no creo que un cambio inmediato de gobierno sea un objetivo táctico, comenzando 2016, de mayor importancia que un bien acordado conjunto de objetivos que aseguren la contención de este gobierno autoritario, y el control y corrección de sus más importantes desaguisados políticos, legislativos y administrativos. Que nadie pierda la cabeza. Venimos nadando bien, no empecemos a chapotear.

Maracaibo, 2 de enero de 2016

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HISTORIA BREVE DE PERIJÁ N° 20

Iglesia de Nuestra Señora del Rosario

Iglesia de Nuestra Señora del Rosario

28 DE FEBRERO: 270 AÑOS DE LA IGLESIA DE LA VILLA DE PERIJÁ

“Celebróse la colocación y dedicación de esta nueva Iglesia de la Villa de Nuestra Señora del Rosario hoy día 28 de febrero de 1745. Asistieron a esta función los ministros eclesiásticos siguientes: Don Antonio Nicolás de Andrade, Cura de dicha villa, don Ignacio Joseph Peres de Pineda, su coadjutor, el muy R.P. fray Silvestre de Lavata, Prefecto de estas Misiones, y otras personas religiosas y seculares con todo el vecindario” (1, 2, 3) 

Así rezaba textualmente la nota inserta en la primera hoja del libro de bautismos de la Villa del Rosario, citada por Monseñor Mariano Martí, Obispo de Caracas, en la relación que hizo de su visita a Perijá en 1775; refiere también el obispo que la primera partida inserta en los libros parroquiales era una de entierro, fechada en octubre de 1724, y que la primera de bautismos fue asentada en marzo de 1728 (1, 2). Obviamente, estas partidas hoy desaparecidas fueron asentadas en la primera Villa del Rosario, establecida por Don Juan de Chourio en las cercanías del río Apón a partir de 1724. Allí existió entonces una modesta Iglesia construida de bahareque y techada de palma (4). En cambio, el templo erigido por el fundador en la nueva y definitiva ubicación que tendría la Villa del Rosario tenía una sólida construcción. Aunque según un informe del cabildo (5) estaba ya acabado en febrero de 1744, no sería sino hasta un año más tarde cuando fue solemnemente dedicado a la Virgen del Rosario. En un inventario realizado poco tiempo después el padre Andrade, su Cura Párroco, refiere que “… está decentemente adornada la Santa Iglesia Parroquial que el fervoroso celo del señor Cabo Principal Don Juan de Chourio ha hecho fabricar de tal tamaño y costo cual no se habrá visto otra en ninguna primera fundación de estas Indias…” En ese inventario se menciona entre otras cosas “… una imagen linda y hermosa de Nuestra Señora del Rosario de pincel que trajo de España” el fundador (6).

Una de las descripciones más completas de la iglesia parroquial en sus primeros años la encontramos en un informe del cabildo realizado en enero de 1751, que rezaba: “… la Santa Iglesia Parroquial de treinta varas de largo y dieciocho de ancho con su cañón principal y una nave a cada lado, éstas a medio enladrillar y el cañón principal todo entero, las paredes de piedra labrada y todo el techo de alfarería y tablazón de cedro cubierta de teja, con su sacristía… y bautisterio… en que se encierra la pila bautismal que es de piedra labrada, con sus cementerios todos cercados de tapial, su espadaña o campanario en que están tres campanas fijadas, de piedra de sillería de muy pulida obra…” (7) 

Imaginamos la ceremonia de dedicación de la iglesia el 28 de febrero de 1745 (ahora se están cumpliendo 270 años) como un evento muy concurrido que contó entre sus asistentes al fundador Don Juan de Chourio y a varios caballeros principales de Maracaibo que le acompañaron a Perijá en esos días, así como a las autoridades y mayordomos que Chourio tenía destacados en la villa para representarle en su autoridad como Cabo principal y para adelantar los trabajos de edificación de la nueva villa (8). Un hecho curioso y significativo es que apenas una semana después de este evento las autoridades civiles y religiosas emprendieron por iniciativa de fray Silvestre de Lavata varias expediciones simultáneas a la sierra de Perijá, destinadas a procurar el asentamiento de los grupos indígenas de la zona en los pueblos misionales que tenían establecidos los frailes capuchinos al pie de la serranía. Una de estas expediciones, dirigida hacia el sur para establecer un pueblo de indios chaques en las cercanías del lugar donde más tarde surgiría la actual ciudad de Machiques, terminó de manera desafortunada y acarreó la muerte de Agustín de Zepeda, personaje que ha permanecido en nuestra memoria histórica como “el tío Agustín” (8).

BIBLIOGRAFÍA:

  1. Peña Vargas, Ana Cecilia. Nuestra Señora del Rosario de Perijá. Documentos para su Historia 1722-1818. Serie Fuentes para la Historia Colonial de Venezuela, Vol. 239-241. Biblioteca de la Academia Nacional de la Historia. Caracas, 1998. Tomo III, pp.326-342
  2. Laurenz, Marcelino. La Villa de Nuestra Señora del Rosario de Perijá. Fundación, Pacificación. Venezuela, 2005. 366
  3. Romero González, Nerio Enrique. Fundadores en Perijá. De las Razas al Gentilicio. Primera edición. Maracaibo (Venezuela) 2014. pp.167, 189, 194.
  4. Romero González, Nerio Enrique. Fundadores en Perijá. Mestizos, migrantes y guerreros. Primera edición. Maracaibo (Venezuela) 2009. pp.84, 110, 117.
  5. Peña Vargas, Ana Cecilia. Obra citada, Tomo II, p.335
  6. Ídem, Tomo II, pp.381-387.
  7. Ídem, Tomo II, pp.401-421.
  8. Romero González, Nerio Enrique. Fundadores en Perijá. De las Razas al Gentilicio. Obra citada, pp.185-189.
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Historia breve de Perijá N° 19

Croquis de la villa de Perijá en 1751 (vista parcial)

Croquis de la villa de Perijá en 1751 (vista parcial)

LA PRIMERA CASA DE CABILDO

La Villa del Rosario, primer asentamiento poblacional hispano que logró estabilizarse y permanecer en la región de Perijá, encontró su ubicación definitiva en un lugar antiguamente conocido como Operapán. Fue oficialmente mudada allí en 1744 desde su sitio en las cercanías del río Apón, más al sur, donde fue originalmente establecida en 1724 (1). Documentos oficiales que describen el estado de la fundación de la nueva villa, fechados en 1744 y 1748, dan cuenta de que había sido delineada la plaza, edificada la nueva iglesia y construidas muchas de sus casas, pero no mencionan nada sobre la construcción de la casa de cabildo (2).

Es en febrero de 1751 cuando dos informes dan cuenta de esta edificación, afirmando que estaba “perfectamente acabada, bien fuerte y lucida” (3). Uno de estos informes nos ofrece algunos detalles de la primera casa municipal: tenía 25 varas (unos 20 metros) de frente a la plaza, en donde había un portal de 5 varas (unos 4 metros) y cuatro ventanas “puestas con igualdad, que le dan bastante lucimiento”, de 1.60 metros de alto por 80 centímetro de ancho. Estaba construida sobre horconería de vera, “que es incorruptible”, y sus paredes de piedra estaban “cubiertas de mezcla de cal para el resguardo de las aguas”. El techo era “de maderas muy permanentes cubiertas de teja”. Contaba con una sala de unos nueve metros de largo por cinco de ancho, y a su lado un cuarto mediano con cerradura en su puerta, en el que se guardaban en un cajón todos los papeles “debajo de tres llaves, en conformidad de la Real Disposición”. Tenía además “dos cuartos para gente decente” [sic], un cuarto para habitación del carcelero y un calabozo “para prisión de facinerosos de delitos graves” (3). El informe de 1751 del cabildo que contiene todos estos detalles lleva la firma de los alcaldes ordinarios Don Joseph de Urreistieta y Don Pedro Joseph Duarte, y de los regidores Don Joseph de Alcayde Chavarría y Don León de Larrazábal. El croquis de la villa remitido al rey ese año de 1751 ubica dicha casa de cabildo en la cuadra sur de la plaza (4).

Hay dos aspectos de la anterior descripción que nos han resultado particularmente curiosos o interesantes. Uno es el hecho de que los documentos municipales se guardaban “debajo de tres llaves”, disposición que parece destinada a que su manejo y cuidado no fuesen confiados a una sola persona; es posible que dichas tres llaves estuviesen en poder de los dos alcaldes y alguno de los regidores. Por otra parte, que además del calabozo destinado a los prisioneros peligrosos hubiese “dos cuartos para gente decente”; es posible que estuvieran destinados a alojamiento de visitantes, pero también que funcionaran como lugar de prisión de los vecinos del número o individuos principales de la villa, en caso de que fueran detenidos. Sería muy interesante conocer más detalles del funcionamiento de la casa municipal en la etapa fundadora. Quizás investigaciones adicionales nos lo permitan.

BIBLIOGRAFÍA:

1)  Romero González, Nerio Enrique. Fundadores en Perijá. De las razas al gentilicio. Capítulos 11 y 12.  Primera edición. Maracaibo (Venezuela) 2014.

2)  Peña Vargas, Ana Cecilia. Nuestra Señora del Rosario de Perijá. Documentos para su Historia 1722-1818. Serie Fuentes para la Historia Colonial de Venezuela, Vol. 239-241. Biblioteca de la Academia Nacional de la Historia. Caracas, 1998. Tomo II, pp.335-337, 347-348 y 398-399.

3)  Ídem, Tomo II, pp.403 y 419-421.

4)  Archivo General de Indias, Sevilla, España. Mapas y Planos – Venezuela, 133. Año de 1751.

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HISTORIA BREVE DE PERIJÁ N° 18

REENCUENTRO DE PERIJANEROS EN SAN IGNACIO (parte II)

Río San Ignacio, a su paso por Hacienda María Rosario

Río San Ignacio, a su paso por la Hacienda María Rosario

(Discurso de Orden de Nerio Enrique Romero en la Sesión Solemne del Concejo Municipal de Rosario de Perijá con motivo de declarar el Reencuentro de Perijaneros en San Ignacio como Patrimonio Cultural del Municipio, y de entregar la Orden “Sixto Zambrano” a varios ciudadanos del municipio. San Ignacio, Sábado 2 de agosto del 2014)

(… continuación)

“A poco de salir del poblado, en un pequeño cerro, estaba la casona conocida como El Recreo, construida en 1920 por un coronel gomecista llamado Ismael Marín, que fue Prefecto del distrito; era una casa de juego… El camino pasaba frente a la casona, por donde después estaría la calle principal del Barrio El Recreo. Pasaba después al lado de la Casimba de la Piedra, que en ese entonces era el manantial que surtía de agua a la Villa, de donde era acarreada en latas”…

“El camino a San Ignacio y Villa Vieja en 1928 ya era de dos trillas, porque empezaban a transitarlo algunos automóviles y camiones, y discurría por la sabana acompañado de los postes de madera del telégrafo, que tendrían 5 ó 6 metros de altura. Al pasar la Casimba de la Piedra, seguía por los terrenos donde después estaría el cuartel del Ejército y más allá por el hato de Juan Gil, donde había un jagüey en el que los viajeros solían lavarse. Continuaba hacia el sur, dejando lejos a su derecha los Altos de Jalisco. Más adelante, a la izquierda del camino, estaba un cerro muy alto llamado el Cerro del Conejo, y más lejos a la derecha el Cerro Piedras Negras, donde había un bosque… Continuaba unos 3 kilómetros por esa sabana hasta el río San Juan, teniendo siempre a la derecha la Sierra de Perijá, hermosa aún en la lejanía”…

“En el río San Juan había un puente de madera, pequeño pero muy necesario porque el cauce del río tenía mucha sipa y hasta los burros se pegaban. Antes de llegar al puente, otro camino se abría a la izquierda hasta el caserío de Las Patillas, y al pasar el río se encontraba un sitio llamado Jagüey Hondo, llamado así por un gran jagüey…”

“El camino a San Ignacio y Villa Vieja era también un camino real, después camino nacional, y en 1928 era el más transitado para ir de la Villa a Machiques, Las Piedras y San José. Había otro camino de la Villa a Machiques que salía por Jalisco pasando por Macoa, por donde luego se construiría la carretera de asfalto inaugurada en 1944; era más directo, pero había que pasar más ríos y había tres pasos muy difíciles: el caño de La Tacamaca, el río Cogollo y el río Apón, intransitables en invierno porque allí no había en ese tiempo puentes, ni barquillas (embarcaciones de madera utilizadas para ganar la otra orilla acarreando personas, animales, vehículos y mercancías). En cambio, había una barquilla para pasar el Apón en el puerto de San Rafael, cerca de Villa Vieja, lo cual hacía que el camino por San Ignacio y Villa Vieja fuera todavía en 1928 el más adecuado para ir hacia los pueblos perijaneros que estaban al sur de La Villa, especialmente Las Piedras, San José y Machiques”…

“A poco menos de una legua de Jagüey Hondo estaba el Alto del Pilón a un lado del camino, y un poco más allá el riecito de San Ignacio, que se cruzaba por un puerto llamado El Pozón o por un puente de madera que había sido construido hace algunos años por vecinos de la zona, entre ellos el mismo Esteban González y Napoleón Chacín, éste último de San Ignacio; las vigas eran de madera de vera, por lo cual aún terminado el siglo XX se conservaba operativo. En 1928, a ese puente lo llamaban “El Paso de los Carros”. Pasado el puente… [se estaba] ya cerca de los primeros hatos de San Ignacio”…

“El tendido del telégrafo acompañaba el camino a su paso por San Ignacio, y seguía hacia Villa Vieja. Desde esta última continuaba para atravesar el Apón y salir a la hacienda “La Gota de Oro”, según me contó el Sr. Antonio Pachano, guarda líneas desde 1950; desde allí, el tendido se dirigía a Las Piedras, donde estaba el punto de enlace de los cables de Machiques, San José, y La Villa, que eran los tres lugares donde había telegrafistas… Había dos guarda líneas, personas que estaban encargadas de la vigilancia y mantenimiento del tendido: uno hacía el recorrido a pie desde Machiques y San José, y el otro desde La Villa; ambos se encontraban en Villa Vieja e intercambiaban allí tarjetas selladas de sus respectivas oficinas, llamadas contraseñas, que servían para certificar el cumplimiento de su recorrido. Antonio Pachano hizo ese trabajo hasta 1962, y me contó que después de él hubo otros guarda líneas…” (2).

Entre esas historias que me han compartido nuestros ancianos y que tuvieron lugar en esta puerta de entrada entre el Perijá del norte y el del sur, hay algunas que son entrañables porque atañen a los sentimientos y alegrías de nuestros abuelos. Oigamos ésta referida a Félix Morán, nativo de San Ignacio:

“A comienzos del siglo XX, el tránsito entre los poblados y caseríos ubicados al norte y el sur del río Apón en Perijá era importante. Para ir desde la entrada de Villa Vieja a San José y Las Piedras en 1935, había que tomar hacia la derecha  en dirección al oriente, por un camino de trillas que conducía al puerto (paso) de San Rafael en el río Apón, que estaba a unos tres kilómetros. Según Hermenegildo Montero el puerto estaba cerca de  Las Piedras, en la hacienda “San Rafael”… Allí había dos pasos: uno río arriba que estaba entre dos barrancas, por donde se cruzaba en una barquilla, y otro más abajo para el cruce de bestias y ganado; cuando el río estaba crecido las bestias debían cruzar subiendo a la barquilla. Al salir de la montaña (así se le dice en Perijá a las arboledas de las vegas de los ríos) salía un camino de dos trillas a la izquierda para San José, y otro a la derecha para Las Piedras, La Paja y Machiques. Félix Morán, nacido en 1913, vio su destino influido por su asistencia a las fiestas de carnaval en Los Chichíes, caserío vecino a Las Piedras. Él nos contó:

“Yo soy de San Ignacio, donde vivía. Vine a Los Chichíes acompañado de ocho a diez amigos de allá, a caballo. Una hora demorábamos en el camino, pasando por Villa Vieja y cruzando el Apón por el paso de San Rafael. En las fiestas de estos pueblos ponían un arco alto, adornado con flores y papel de colores, para hacer competencias a caballo. Lo armaban con bejucos, que se colocaban arqueados sobre dos varas de guauda que le servía de soporte, una a cada lado. En la parte alta del arco colocaban una polea, y una botella de ron que se subía y bajaba halando una cabuya, tal como se hace ahora con las piñatas. Los jinetes pasaban corriendo debajo del arco, momento en el cual tenían que alzarse y levantar los brazos para atrapar la botella, que era el premio. Estas competencias también se hacían en las festividades a San Benito. Explotaban bombas y fuegos artificiales. En Los Chichíes lo hacían en un sitio amplio, abierto, a cuyo alrededor estaban los ranchos del caserío. Los de San Ignacio salíamos de casa en la mañana y regresábamos en la tarde. Después de esa fiesta –continúa Félix- yo regresé solo a Los Chichíes dos semanas después, pendiente de una muchacha que había conocido y que después sería mi esposa. A los 23 años me casé con ella y me vine para Los Chichíes”. Podemos imaginarlo a caballo, y aún a pie, apurando el paso por esos caminos para sus visitas de enamorado” (3).

O esta otra que involucra a mi abuelo Esteban González:

“El juego de gallos era la diversión favorita de Esteban. En la familia se ha llegado a decir que esa afición suya y de varios de sus hermanos era lo que había originado que se les apodara “los pollos”; sin embargo, no podemos asegurar la certeza de eso. Esteban asistía a menudo los domingos a las galleras de Villa Vieja, San Ignacio y otros poblados, y en particular gustaba de frecuentar las de San José, que tenían fama de ser muy buenas galleras. Para esos eventos, a los que asistía una o dos veces al mes en la temporada de gallos durante el verano, Esteban se vestía muy elegante con trajes blancos de Lino 100 o liquiliqui, corbata negra, zapatos y un sombrero de paño fino, marca “Borsalino”. A veces se reunían varios hombres de Villa Vieja y se iban de pie en el cajón de un camión para San José. Muchos de ellos llevaban su gallo bajo el brazo, entre ellos Esteban, que los criaba en la matera. Usaban también una hamaquita para portar el gallo, la cual se colgaba del hombro y tenía orificios para sacar la cabeza, la cola y las patas del animal” (4).

Otras historias atañen a sobresaltos y penas que involucraban la vida o la salud:

“Pocos meses antes [en] 1935, la familia de Esteban y Emelina había tenido un serio problema cuando la hija… de 17 años, había tenido convulsiones. Decían que tenía pasmo, o que había pelado yuca teniendo la menstruación. Enviaron a Carlos Ramón en la nochecita a caballo para Machiques a hablar allá con el doctor Fister, quien ya conocía el caso. Este le recetó unas medicinas que Carlos Ramón compró en Machiques, para luego regresar a casa en la madrugada. Dos años antes, el doctor Fister había atendido también en la casa de Villa Vieja a Renato, quien entonces tenía sólo seis años y padecía sarampión. Renato nos contó que Fister le había puesto una ampolleta en la barriga, y que eso lo había salvado” (5).

Y cuando uno busca y pregunta no va a dejar de encontrar también historias relacionadas con las guerras caudillistas que se vivieron en Venezuela:

“La historia de José del Carmen Díaz, llamado “el Mocho” Díaz porque le faltaba un dedo de la mano, es un revelador ejemplo de la violencia política de fines del siglo XIX. Me la refirió Hermenegildo Montero, quien me dijo haberla oído cuando era un muchacho de boca de su propio protagonista. El “Mocho” Díaz habría venido a Perijá escondiéndose junto a otros seis hombres, al parecer perseguidos en medio de algún enfrentamiento político armado (alguna “revolución”, como se decía en ese tiempo). Los perseguidores los atraparon en un bosque entre Villa Vieja y Sartenejo, y los ataron a los siete en cadena con un cáñamo, cuyas puntas fueron amarradas a sendos árboles en cada extremo. Así amarrados, los fusilaron; y al cortar el mecate en una punta los cuerpos cayeron al suelo. Entonces, puyaron los cuerpos para asegurarse de que ninguno había quedado vivo y no contentos con eso, les arrimaron hojas secas y les prendieron fuego, con el mismo fin. Seis de ellos estaban muertos menos el “Mocho” Díaz, quien soportó la puyada y la quemada haciéndose el muerto. Cuando los verdugos se habían alejado, se soltó picando el cáñamo con una navaja que logró quitarle al cadáver vecino. Según Hermenegildo, Díaz se quedó en Perijá, viviendo en Los Haticos, lo cual me confirmó su nieto Víctor Díaz, quien me refirió una versión de los sucesos similar a la expuesta, y me dijo que el “Mocho” Díaz había residido en Puentecitas, San Ignacio y Los Haticos, habiendo muerto en este último. [Sabemos que] se casó en 1875 a los 39 años… con Felicita Martínez (de Machiques), con quien tuvo cuatro hijos… Según su partida de defunción… era natural de San Juan de Dios (Maracaibo). Así que la persecución y fusilamiento de los cuales resucitó José del Carmen Díaz debieron haber ocurrido antes de 1875, y quizás estuvieron relacionados con las escaramuzas violentas del período venancista” (6).

Sin embargo, estoy seguro de que la memoria de San Ignacio y de estas sabanas que en su momento fueron la puerta entre las tierras del norte y del sur del río Apón atesora principalmente historias de esfuerzos, sudores, cansancios y merecidos resultados del trabajo de los perijaneros.

Quiero finalizar manifestando mi convicción, como perijanero que soy de los municipios Machiques y Rosario, que nuestro Perijá es uno sólo. Somos uno en nuestros orígenes y nuestra historia. La sangre que habitó en principio al norte y al sur del Apón fue la de nuestros mismos indígenas, y la sangre hispana (marabina y canaria) y africana que se esforzó en construir los pueblos del sur es la misma que antes lo hizo en estas sabanas y en la Villa del Rosario. Que el crecimiento haya generado la necesidad administrativa y política de diferenciarlos en dos municipios autónomos no divide el alma de su gentilicio, que es el de ser perijaneros. Ojalá esa unidad de gentilicio siga sobreviviendo hacia el futuro, cuando el crecimiento motive nuevas demarcaciones administrativas, como podría ocurrir en las tierras que hoy conocemos como la Cachamana, esa tercera tierra de expansión perijanera que ha surgido desde que se abrió en 1969 esa gran puerta que fue la carretera Machiques-Colón.

Cultivar ese gentilicio como medio de afirmación propia, no como mecanismo de exclusión de otros gentilicios, permitirá a los dos municipios perijaneros aunar proyectos y fuerzas, compartir recursos y actuar unidos en el campo económico, social y político. Permítanme terminar diciendo: Perijá es uno sólo, y su historia es una sola. Gracias.

(Quiero agradecer al Sr. Olegario Martínez, Alcalde del Municipio Rosario de Perijá, su amable invitación a participar en este Reencuentro de Perijaneros en San Ignacio, y el honor que me ha hecho al encargarme de pronunciar el Discurso de Orden de esta Sesión Solemne del Concejo Municipal)

REFERENCIAS:

1) Romero, Nerio Enrique. Fundadores en Perijá. De las razas al gentilicio (obra inédita). Capítulo XII.

2) Romero, Nerio Enrique. Sabanas de Coral. Familia, vida e historia en Perijá. Maracaibo, Reimpresión 2011. Capítulo 6.

3) Romero, Nerio Enrique. Enamorado a caballo (Dedicado a la familia de Félix Morán, de Los Chichíes). Serie Historia breve de Perijá N° 15. Blog Derecho de Palabra, 29-1-2014. https://derechodepalabra.wordpress.com/

4) Romero, Nerio Enrique. Sabanas de Coral. Obra citada. Capítulo 14

5) Ídem, Capítulo 12

6) Ídem, Capítulo 11

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HISTORIA BREVE DE PERIJÁ N° 17

REENCUENTRO DE PERIJANEROS EN SAN IGNACIO (parte I)

Municipios Rosario y Machiques de Perijá (mapa parcial)

Municipios Rosario y Machiques de Perijá, Estado Zulia (mapa parcial)

 (Discurso de Orden de Nerio Enrique Romero en la Sesión Solemne del Concejo Municipal de Rosario de Perijá con motivo de declarar el Reencuentro de Perijaneros en San Ignacio como Patrimonio Cultural del Municipio, y de entregar la Orden “Sixto Zambrano” a varios ciudadanos del municipio. San Ignacio, Sábado 2 de agosto del 2014)

     “En julio de 1746 murió el Rey de España Felipe V, sucediéndole su hijo Fernando VI; y ese año asumió la gobernación de la provincia de Maracaibo el Teniente Coronel Francisco Miguel Collado, cargo para el cual fue designado en 1744. En Perijá, Don Juan Francisco Xedler de Inciarte asumió como Teniente de Justicia Mayor y Comandante de Armas, designado por Don Juan de Chourio con aprobación del gobernador de la provincia, cargo que sabemos estuvo ejerciendo al menos hasta 1751, cuando Chourio llegó a proponerlo como sucesor, en el caso de su muerte, en las obligaciones y privilegios como Cabo principal de la fundación de Perijá. Entre ellos, el de ser ensalzado con el título y honor de Marqués cuando se declarase cumplida su obligación como fundador. Al explicar los méritos de Xedler, Chourio afirmó que había sido “uno de los principales fundadores y pobladores de la expresada villa”.

     “Xedler de Inciarte fue un personaje importante de Maracaibo, como lo atestigua el hecho de haber sido Alcalde ordinario de esa ciudad al menos en una ocasión, que sepamos, en 1728. En 1757 en su testamento Juan de Chourio expresa estar agradecido de él por haberle cedido sin llevarle cuenta una casa de su propiedad en Maracaibo, en la cual vivió el fundador desde 1723 hasta su muerte ese año, en agradecimiento a lo cual se hizo cargo de una deuda de 3000 pesos que Xedler tenía con otro vecino; y además legó a cada uno de sus cuatro hijos 1000 pesos de plata, en obsequio del cariño que les tenía y la amistad que le unió a su padre. Por ese testamento sabemos que Xedler murió antes que Chourio, y quizás esa fue la razón por la cual éste designó como heredero de su título de Cabo principal de la pacificación y fundación de Perijá a Don Manuel García de la Peña. Como ya se ha dicho, en 1751 Chourio propuso al Rey designase a Xedler como su heredero en ese cargo.

     “Don Juan Xedler de Inciarte debe haber sido el “Don Juan de Inciarte” que el gobernador Torreyro mencionó en su informe de 1730 entre las tres personas que estaban fundando hatos en el paraje llamado Curipia, que estaba a “cosa de dos leguas” de la villa vieja, paraje que fue conocido más tarde como el partido de San Ignacio y Curipia. Si esto fuera cierto, como suponemos, podría explicar el origen del nombre del actual pueblo de San Ignacio, si consideramos que el hijo varón de Xedler de Inciarte llevaba el nombre de Juan Ignacio y que Xedler profesaba gran aprecio y amistad por la Compañía de Jesús, cuyo fundador fue San Ignacio de Loyola; según manifestó el propio Xedler, su casa de Maracaibo fue durante muchos años “común hospicio donde vivían y moraban todos los reverendos padres” de dicha compañía cuando transitaban por esa ciudad. Sabemos más ciertamente que tuvo un hato en Perijá, como aparece reportado en el padrón hecho por el gobernador en 1751: “tiene hato de ganados vacunos” además de casa en la villa y 26 esclavos. Una hipótesis plausible es que el hato de Xedler tuviese por nombre San Ignacio (1).

     Estos párrafos pertenecen al libro Fundadores en Perijá. De las razas al gentilicio, de mi autoría, el cual espero poner en las manos de los interesados en la historia de Perijá y el Zulia el próximo mes de septiembre. Juan Xedler de Inciarte, personaje del Maracaibo colonial cuyo primer apellido proviene de la villa castellana de Almagro, en donde se asentó en la época del 1500 su antepasado alemán que le heredó su apellido, fue posiblemente quien determinó que a este lugar entrañable para los perijaneros hoy en día lo conozcamos como San Ignacio.

     Pocos lugares podrían ser más apropiados para celebrar el gentilicio perijanero que éste donde nos encontramos. Porque algún sitio muy cercano en estas mismas sabanas fue el elegido por Juan de Chourio y sus acompañantes para establecer el primer asentamiento poblacional hispano en Perijá que logró tener permanencia. Los documentos de la época proporcionan evidencias bastante firmes de que fue en el sitio que hoy ocupa Villa Vieja o en su entorno muy inmediato donde Don Juan de Chourio comenzó a construir la primera Villa del Rosario. La relación de distancias con el río Apón, el paraje de San Juan y el río Palmar que aparece en esos documentos constituye, en mi opinión, evidencia concluyente al respecto. Es posible que las ruinas que según el testimonio oral de ancianos nuestros existían en el lugar que fue conocido como el Bosque de las casas, que según esos testimonios estuvo a cosa de un kilómetro de Villa Vieja saliendo hacia Sartenejo, hayan sido los vestigios de esa primera villa construida a partir de 1724. Es muy posible que parte de esas ruinas permanezcan allí, enterradas por el tiempo. También por esos documentos sabemos que en otro lugar muy cercano, a la orilla del Apón, estableció Chourio en esos años buenas labranzas de plátano, maíz y caña además de un trapiche que pronto empezaron a proporcionar elementos de subsistencia a los pioneros de Perijá y hasta a la ciudad de Maracaibo. Y que la existencia de estas labranzas facilitó que en otro lugar cercano se fundase en 1735 San Francisco de Apón, uno de los primeros pueblos de misión a cargo de los frailes capuchinos valencianos, y se establecieran allí varias familias de indios coyamos, uno de los grupos antepasados de nuestros actuales yukpas. Sabemos, claro está, que la interacción hostil que entonces existía con los indígenas motilones (antepasados de nuestros actuales barís) hizo muy riesgosa y precaria la existencia en la primera Villa del Rosario y en San Francisco de Apón. Para 1738 este pueblo misional fue abandonado, y en 1740 la villa de españoles comenzó su mudanza al sitio conocido entonces como Operapán, que es donde se asienta hoy la Villa del Rosario.

     El paraje que en ese tiempo fue conocido como partido de San Ignacio y Curipia fue, junto con el de San Juan, asiento de los primeros hatos de ganado de los que tengamos información en Perijá al sur del río Palmar y al norte del Apón. Se establecieron, como hemos dicho, a partir de 1724. Sabemos de la existencia anterior en Perijá durante el siglo XVII de muy escasas explotaciones agrícolas operadas bajo el sistema de encomiendas, y del pastoreo de ganados pertenecientes a vecinos de Maracaibo, lo cual hace muy probable la existencia de hatos en tiempos más remotos. Sin embargo, esos asentamientos no lograron tener permanencia y es muy probable, en nuestra opinión, que estuviesen ubicados más al norte, quizás incluso al norte del río Palmar. Fueron estas sabanas y las de San Juan las que dieron asiento a los primeros hatos de ganado que lograron permanecer desde que comenzó el poblamiento hispano de Perijá.

     Fueron también estas sabanas durante un tiempo considerable el límite en que se contenía el poblamiento del Perijá que conocemos hoy en día, que comenzó con la empresa fundadora emprendida por Don Juan de Chourio en 1723. Y cuando ese poblamiento se extendió a las tierras del sur del río Apón, San Ignacio y sus pueblos vecinos se convirtieron en la puerta principal entre el Perijá que ya se había consolidado (hoy en día el municipio Rosario) y el que se extendía hacia el sur (el actual municipio Machiques). Permítaseme evocar esta noche algunas de las memorias que compartieron conmigo Hermenegildo Montero y otros ancianos de nuestra tierra, que están recogidas en Sabanas de Coral. Familia, vida e historia en Perijá, y que corresponden a la primera mitad del pasado siglo 20:

     “En dirección suroeste de la plaza Bolívar [de la Villa del Rosario] estaba el punto donde comenzaba el camino. Era conocido como El Cují de los Muertos, porque allí llegaban las comitivas fúnebres que venían de los campos, descargaban los ataúdes de las carretas o de las bestias, e iniciaban su procesión por las calles del pueblo hasta la iglesia. A la sombra de ese cují, los difuntos eran esperados por sus familiares y amigos del pueblo. Estaba ubicado en lo que más tarde sería la esquina de las calles Independencia (también llamada el Pantano) y El Marqués; allí también estaría la sede del INCE (Instituto Nacional de Cooperación Educativa). También por ese punto salía el tendido del telégrafo, que iba hasta Villa Vieja por la misma ruta del antiguo camino, para de allí continuar hasta San José y Machiques. En burro y cargados de corotos… tomaría unas 3 horas llegar a… [Villa Vieja]… a caballo, al pasitrote, se podía llegar en hora y media”…     (continúa)

REFERENCIA: 1) Romero, Nerio Enrique. Fundadores en Perijá. De las razas al gentilicio (obra inédita). Capítulo XII.

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