Historia breve de Perijá N° 3 (Parte I)

Barquilla

Paso del río Palmar, 1928

Historia breve de Perijá N° 3 (I)

“VIAJES EN EL UNIVERSO PERIJANERO”

Ponencia presentada por NERIO ENRIQUE ROMERO en el “II ENCUENTRO DE CRONISTAS DEL ZULIA. Vida y Costumbres”, en homenaje a Kuruvinda, organizado por el Acervo Histórico del Zulia. Maracaibo (Venezuela), 4 de junio del 2004.

Publicada en Acervo. Revista de Estudios Históricos y Documentales 5 (2):103-108, 2006

Una de las recompensas más gratificantes que se obtienen cuando uno busca conocer la historia de nuestros antepasados y comunidades es la de poder apreciar cómo cambian las cosas. Es casi como constatar, en carne y hueso, que nosotros somos sólo una hora en el correr del tiempo. Podemos así ver nuestras vidas en una perspectiva temporal, y darnos cuenta con entera profundidad que el ahora de nosotros no representa de manera permanente la esencia de la vida e historia humanas, y es solamente una pincelada en el cambiante retrato de éstas. Nos permite también apropiarnos con mayor claridad de una verdad de Perogrullo, cual es la de que vivimos para cambiar incesantemente, querámoslo o no.

Para mí, que puedo almorzar en mi casa de Maracaibo, luego trasladarme en automóvil hasta mi Machiques natal en hora y media, y regresar al hogar si es necesario a tiempo para la merienda, resultan  fascinantes los relatos como el siguiente, oído de boca de José Rosario Sandoval  (nacido en 1904 en  Machiques, donde viviría hasta 1913, año en que su familia entera se mudó a Maracaibo a lomo de bestia): “Recuerdo cuando mi papá regresó a Machiques de un viaje a Maracaibo y nos trajo un poquito de agua del lago, para que supiéramos a qué sabía”. No pude evitar recordar cuando le traje a mi hija una piedra del cañón del Colorado, como para que ella pudiera palpar cómo era la tierra en un lugar tan mágico y remoto. Imagino al lago de Maracaibo como un universo distante en la ensoñación de José Rosario y sus hermanos, de donde su padre, esforzado y titánico viajero, traía un poquito de agua como prueba de su existencia. Imagino al lago en la mente de muchos perijaneros contemporáneos y anteriores a José Rosario, seguramente diferente en tamaño y color para cada imaginación, y como una frontera del mundo conocido para muchos otros. Algo así como el Atlántico para los europeos que se paraban en el cabo de Finisterre mirando hacia occidente, antes de los viajes de Colón a América. Creo que Machiques representaba para esa familia en 1910, pero de manera especial para sus niños, un universo en sí mismo, desde el cual se aventuraban a veces algunos viajeros, trayendo de regreso historias, objetos y visiones de otros lugares, atizando sueños de conocerlos algún día.

Un universo remoto debía ser Perijá para quienes acudían desde afuera a visitarlo. Piénsese en el obispo de Caracas Mariano Martí, quien a fines del siglo XVIII realizó un viaje de 15.000 kilómetros por toda Venezuela, que demoró 9 años en completar (uno encuentra una razón adicional para que en ese tiempo no hubiera aún candidatos a la presidencia recorriendo el país). Pues bien, en el marco de ese viaje Martí visitó a Perijá en 1775. Salió de Maracaibo el 13 de febrero a las 4 de la mañana y llegó a Villa del Rosario al día siguiente a las 7 de la noche, después de un recorrido de 20 leguas (unos100 kilómetros). No sabemos si ese recorrido lo hizo a pie, en andas o a lomo de bestia. En Villa del Rosario Monseñor Martí escribió que a unas 50 leguas de allí se encontraba el pueblo de indios de El Molino, perteneciente al Obispado de Santa Marta (hoy Colombia), y que el viaje hasta allí tomaba 10 o más días por montes escabrosos.

Cuarenta años después, Monseñor Raphael Lasso de la Vega (Obispo de Mérida) hizo una visita pastoral a Perijá, saliendo de Maracaibo el 19 de diciembre de 1815 a las 5.45 de la tarde, y pernoctando en el camino en el hato “Pitajalla”. Pernoctaría una segunda vez en el camino, para finalmente llegar a Villa del Rosario el 21 de diciembre al mediodía. Su gira perijanera duró hasta el 28 de diciembre, cuando salió para Maracaibo a las 7 de la mañana, arribando a esa ciudad a las 6 de la mañana del día siguiente. Lasso de la Vega haría una segunda visita pastoral a Perijá en mayo de 1819. Otro obispo de Mérida, Monseñor Román Lovera, realizó en marzo de 1885 una gira pastoral a Perijá que duró 15 días.

Otros notorios personajes necesitarían tomar varios días para sus viajes a la región perijanera. Es el caso de Venancio Pulgar, quien en febrero de 1863 enfiló el paso de su caballo, y el de sus oficiales y soldados, hacia la Villadel Rosario, persuadido de conseguir allí el apoyo declarativo y monetario de los perijaneros para sus campañas militares contra el gobierno de José Antonio Páez. Además del tiempo invertido en el trayecto de ida y vuelta, ya de por sí largo y extenuante, necesitó una semana para negociar y tratar de intimidar a los hacendados de la zona, quienes se negaron en redondo a sus imposiciones. Necesitó también uno o dos días más para, después de asesinar o permitir el asesinato de Rafael Vargas, el hacendado que le había hospedado en su casa, salir a la cacería de los temerarios que habían osado desafiar sus órdenes los cuales, por cierto, diezmaron sus huestes en el cerro de La Carreta y le hicieron emprender una desesperada retirada hacia Maracaibo. Largo y amargo ha debido ser ese atribulado trayecto de 20 leguas para regresar del universo perijanero. La frustración de la derrota seguramente acrecentó sin misericordia los estragos del calor, el cansancio de los pies, la carga al hombro y el maltrato que ocasiona el paso de las bestias. Dos años después, en 1865, Venancio debió emprender otro escape a través de tierras perijaneras, esta vez en sentido contrario huyendo de sus enemigos Sutherland y Falcón que le perseguían desde las sabanas marabinas. La solidaridad de un perijanero, José María García Duarte, le permitió escapar hacia Colombia a través de la Sierrade Perijá guiado por un baquiano. Llegar a sitio seguro le tomó 28 días, según refiere Alejandro García Maldonado en su obra “Uno de los de Venancio”, con grandes penalidades, después de sortear barrancos, selvas tupidas y ataques de indígenas.

A comienzos del siglo XX los pueblos perijaneros continuaban resguardados por las formidables barreras de su universo físico: hacia el occidente la imponente muralla de la Sierra de Perijá, hacia el oriente el inmenso depósito de agua del lago de Maracaibo; hacia el sur enormes distancias de sabana, selva, grandes ríos y ciénegas, constituían obstáculos para cualquier intento de viajar por tierra a los pueblos del sur del lago. Sólo hacia el norte, en dirección a Maracaibo, podía emprenderse por tierra un viaje razonablemente llevadero para la gente de Villa del Rosario. Para la de Machiques y otros pueblos ubicados al sur del río Apón, sin embargo, este trayecto era muy difícil por la distancia, y en la temporada de lluvias particularmente, por las crecidas del Apón, el Palmar y otros ríos y caños; debido a ello, la gente de esos sitios necesitaba recurrir más a menudo al transporte lacustre, enfrentando las dificultades de atravesar grandes extensiones de tierras bajas y cenagosas aledañas a la gran laguna zuliana.

Conversar con los viejos nos ha permitido hacernos conscientes de estas limitaciones, que existían hasta hace muy poco (apenas 60 u 80 años atrás) pero generalmente inimaginables para quienes desde niños hemos podido viajar por tierra a Maracaibo o al sur del lago cómodamente y en cuestión de minutos o pocas horas. Varias personas me han contado sus propias experiencias:

Mi tío Renato González fue enviado por sus padres en 1934 a Maracaibo a hacerse unos exámenes médicos. A sus 8 años de edad, hizo ese viaje por primera vez en un camión marca “Federal” de tres pedales conducido por Angel “Pelón” Martínez, uno de los pocos que por esa época ya transitaba los trillos del camino de tierra hasta la capital. Cuenta que salieron del caserío de Villa Vieja a las cuatro de la mañana y llegaron a Maracaibo a las cinco de la tarde. Esa vez el viaje fue facilitado por el hecho de que estaban en temporada seca, lo cual disminuía la posibilidad de atascamientos en los barriales del camino; incluso pudieron atravesar el cauce del río Palmar con el camión sin necesidad de utilizar la embarcación de madera, conocida como barquilla, que muchas veces era necesaria para trasponer el río.

Jesús García (“Chuíto”) me contó que su primer viaje a Maracaibo lo hizo a los 18 años de edad en 1939. Salieron de Machiques a las tres de la mañana y llegaron a la capital a las ocho de la noche, después de muchos esfuerzos de su primo Antonio García para zafar su camión con ayuda de los pasajeros de prolongados atascamientos en los siperos del camino.

Alirio López Romero por su parte cuenta que en 1940, a sus trece años de edad, viajó por primera vez a Maracaibo, también en un camión. Salieron de Machiques a las tres de la mañana, y aún así no alcanzaron a llegar ese mismo día a Maracaibo, debiendo pasar la noche en un lugar conocido como La Pensiónde Pepito, cerca de El Jobo, a la cual arribaron a las ocho de la noche. En el caso de Alirio y el de “Chuíto”, por salir desde Machiques, a la travesía se le agregaba el paso por el río Apón además del paso por el río Palmar. Muy frecuentemente ambos ríos debían ser vadeados utilizando las barquillas que allí se habían instalado con ese fin, y que eran utilizadas por peatones, arrieros, ganado y, más tarde, por vehículos automotores. Conocemos evidencia de la existencia al menos desde 1836 de una canoa en el río Palmar, por cuyo uso se pagaba peaje, aunque suponemos que sería una embarcación más pequeña que la utilizada en el siglo XX.

Al viajar a Maracaibo los perijaneros se veían en la necesidad de utilizar los servicios de fondas que proveían comida y durmienda. Algunas estaban en el camino, como La Pensión de Pepito (cerca de El Jobo) o la de “La Púa” (ubicada donde después estaría el kilómetro 25 de la carretera Maracaibo-Machiques). Esta última ofrecía también servicio de potreraje para los ganados, burros, caballos o bueyes de los viajeros. En el puerto lacustre de Iguana, por ejemplo, que pertenecía a una familia de apellido Montiel, había unas modestas instalaciones en las que se prestaba a los viajeros muy buenas atenciones para comer y descansar. Este puerto era muy utilizado por la gente de Machiques y Villa del Rosario. En el río Palmar existía una fonda propiedad de una familia de apellido Taborda, y según nos contó la esposa del último barquillero de ese lugar, un cura de Machiques, el padre Fernández,  estuvo varado allí por una creciente del río, alojado en la fonda por 15 días aproximadamente en 1932. En Maracaibo, muchos perijaneros utilizaban para hospedarse la pensión de José Bustos, que estaba en la esquina noroeste del cruce de la avenida 11 con la calle 98 (Independencia), haciendo esquina con el Templo de San Felipe; allí había un galpón para camiones y carros, sitio para las bestias, así como durmienda (en hamacas) y restaurante. (Continuará…)

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Acerca de derechodepalabra

Nerio Enrique Romero González: Médico de familia y profesor universitario. Aficionado al estudio de la historia, incursionando en ese campo, investigando y publicando
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8 respuestas a Historia breve de Perijá N° 3 (Parte I)

  1. Lybia Mora dijo:

    Según las investigaciones realizadas, tengo entendido, que la villa quemada o arrasada por Venancio Pulgar fue Villa Vieja y que la población actual se fundó luego de tan lamentable hecho.
    Sin embargo, las veces que he observado el óleo del pintor José Montero retrata la casa de don Juan de Chourio, la calle Municipal, la plaza y la iglesia, por lo que encuentro confuso los hechos históricos y los relatos orales de los lugareños.

  2. No, Lybia, la villa quemada por Pulgar en 1872 es la misma actual. Pero la que fundó Don Juan de Chourio a partir de 1722 estuvo primero en las cercanías de lo que hoy es Villa Vieja y después, aproximadamente en 1740, fue trasladada a su sitio actual. Te recomiendo leer el libro de historia de la villa del p.Marcelino Laurenz, y el mío “Fundadores en Perijá”. ¡La historia de nuestro Perijá es muy interesante!

  3. Fermin Romero dijo:

    Saludos, apreciado amigo. Te felicito por esto breves escritos de la historia de Perijá. Muy concisos e ilustrativos. Sería interesante ahondar un poco en el trasporte desde y hacia Maracaibo al que te refieres en la parte 3 de la breve historia de Perijá y que mencionas brevemente. Me refiero al transporte lacustre que fué fundamental en el desarrolo de nuestra región. Según palabras de quienes vivieron esa época, la entrada a las poblaciones mas sureñas de la región, se hacía por el puerto de El Guamito o El Guaco, ( no estoy seguro si era lo mismo o se trataba de sitios diferentes.) El transporte se hacía mayormente en arrias de bestias y carretas de bueyes, siendo en esa época, la población de San Felipe, un importante sitio de acopio de mercancia y comercio de las mismas. un abrazo

  4. Maritza dijo:

    Hola Nerio, extraordinario tu relato y la percepción de el transitar en el tiempo y en un determinado espacio. Me has ayudado mucho con las preguntas que en varias ocasiones me has formulado sobre el Bubal, mi sitio de origen, continuo investigando y escribiendo.
    Un abrazo
    Maritza

  5. por favor diganme algo mas concretoque mi hermano tiene que investigar este tema please

  6. Jorge Martinez Mantilla dijo:

    Tengo como historia de Familia, que el Gral que comando a las fuerzas organizadas contra Venencio Pulgal fue Coriolano Romero, el que derroto a Pulgar en el cerro de la carreta. Son Historias que no he podido corroborar pero muchas veces escuchadas por mis dos abuelas, nietas de Coriolano y de mi papa.

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