Historia breve de Perijá N° 3 (Parte II)

Casa de la familia González Áñez, en Villa Vieja, Perijá

“VIAJES EN EL UNIVERSO PERIJANERO”  (Parte II)

Ponencia presentada por NERIO ENRIQUE ROMERO en el “II ENCUENTRO DE CRONISTAS DEL ZULIA. Vida y Costumbres”, en homenaje a Régulo Díaz (Kuruvinda), organizado por el Acervo Histórico del Zulia, en Maracaibo (Venezuela) el 4 de junio del 2004

Publicada en Acervo. Revista de Estudios Históricos y Documentales 5 (2):103-108, 2006

 (Continuación…)    Para quienes vivimos en la era de las telecomunicaciones, escuchar estos relatos de viajes nos hace imaginar las limitaciones de la vida de nuestros antepasados recientes. Uno puede imaginarse un viaje entre Machiques y Maracaibo como una aventura hacia otro mundo, para la cual había que prepararse con buen equipaje y haciendo múltiples arreglos para el funcionamiento de la casa y el negocio mientras durase la ausencia. Pero también los viajes entre diversos puntos del universo perijanero constituían pequeñas proezas: es el caso de mi tía Francisca González “La Negra”, quien me contó de un viaje que hizo de Villa Vieja (donde vivía) a Villa del Rosario (a unos veinticinco kilómetros de distancia) en 1938, cuando tenía diez años de edad. Aprovechó la oportunidad de un viaje de su hermano mayor y su cuñada, para salir de su universo particular en el caserío y visitar el pueblo. El trayecto, a lomo de burro y llevando familia se hacía en tres o cuatro horas por los trillos arenosos del camino viejo, envueltos los viajeros en el mágico paisaje de la sabana. No puedo evitar imaginármelo como una expedición al Mar de la Tranquilidad. Mi tía Francisca me contó que el viaje lo hizo en un ojo de árgana de madera, dentro del cual tenía que asumir una incómoda postura, casi de rodillas, pero la emoción de ir al pueblo al parecer suavizaba esas penalidades: “A mí no me importaba ir enguruñá ahí”. Sólo los jinetes a caballo, al pasitrote, podían hacer el mismo trayecto en hora y media. Así que no era de extrañar que las familias de los caseríos pasasen meses o años sin visitar los principales poblados; casi siempre se reservaban la oportunidad de hacer esos viajes, muchas veces penosos y extenuantes, para los días de fiestas patronales y Semana Santa, aprovechando entonces para visitar familiares, hacer algunas compras, así como también para las procesiones, bautizos, matrimonios, confesiones y comuniones. En ese entonces un entorno más pequeño, el caserío, se convertía para uno en el universo.

 Sólo los hombres jóvenes, a caballo, se movían a veces a mayor velocidad dentro del universo perijanero. Mi tío Carlos Ramón, por ejemplo, fue enviado en 1935 por sus padres a Machiques a buscar al doctor Fister (un médico o practicante alemán que vivía allá), porque su hermana Carmen había enfermado y necesitaban que les enviase unas medicinas; salió a caballo en la nochecita de Villa Vieja, y regresó en la madrugada con su encomienda. Félix Morán, del caserío de San Ignacio, me contó que él salía de allá a caballo para Los Chichíes a visitar a su novia, y que el trayecto de unos trece kilómetros que requería atravesar el río Apón le tomaba algo más de una hora, por lo cual suponemos que viajaba al trote rápido o al galope.

En ese entorno, la vida giraba dentro de sí misma. Las familias producían la mayor parte de lo que necesitaban, y el producto de la región misma surtía mucho de lo que las familias particulares no podían producir. El ser humano estaba más integrado a todas las faenas de producción, distribución y consumo, sus manos eran su principal herramienta, y las familias constituían sistemas de producción en sí mismas. En muchos sentidos, el entorno familiar era el universo donde se procesaba la vida: alimento, agua dulce, leña para el fogón, medicina, vestido, creencias, conocimiento, destreza, entretenimiento, moral, ética, espiritualidad, afecto. Yo imagino que, en un entorno así, uno viviría  más cercano a todas sus esencias naturales y más impregnado de todas ellas: tierra, aire, fuego, agua, vegetación, clima. Y podría comprender más temprano, o más profundamente, la verdad de la expresión “…polvo eres”. Debía ser diferente la vida cuando la familia, el caserío o su entorno inmediato eran nuestro universo.

La fabricación del jabón de tierra podría reflejar esta integración íntima con el universo natural. Se elaboraba en la casa mediante el trabajo de la familia, para lo cual se necesitaban los siguientes insumos: el sebo de la carne vacuna, porcina, ovina o de cacería, que se acumulaba colgada del techo de la cocina para que secara, a la espera de juntar cantidad suficiente en un saco; el agua del pozo o de la corriente cercana; la ceniza que producía el fogón, acumulada en sacos o latas; la hoja de la mata de lechoza y del plátano, a la mano en el patio; la cocuiza o el bejuco para hacer un gran canasto, la leña como fuente de energía. Yo difícilmente pude creer que nuestros abuelos hacían jabón en casa, acostumbrado desde niño a que se compra en el supermercado, procedente de alguna ciudad o país lejano. ¿Cómo lo hacían las familias perijaneras?. Fue para mí fascinante escucharlo: hacían un canasto grande con bejucos y lo forraban por dentro con hojas de plátano, para que no escapase del rústico recipiente la ceniza del fogón que vertían a continuación acompañada de abundante agua. Se producía una lejía negra o rojiza que era recogida en un recipiente colocado debajo del canasto. Diariamente se agregaban cinco o seis litros de agua hasta que la lejía comenzaba a salir clara.. Contando con una buena cantidad de lejía y sebo, y unas hojas de lechoza picaditas, se ponían estos materiales a cocinar en un caldero grande, generalmente puesto en el patio sobre un trébede. El sebo se hervía y batía por cuatro o cinco días, apagando solamente por la noche el fuego alimentado con leña casera. El proceso consumía mucha leña, y cuando el sebo comenzaba a despegarse de la paila, después de agregar diariamente cinco o seis litros de lejía, se sacaba para unos moldes de madera improvisados con los cajoncitos donde venían las velas, los cuales eran recubiertos por dentro con pañitos de fique. Allí terminaba de secarse la mezcla y formarse las panelas de jabón de tierra, que quedaban de color marrón. La mayor parte era para consumo del hogar, pero habían excedentes que se usaban en las materas o se vendían, ya fuera en la vecindad o a marchantes que lo llevaban como mercancía a la capital. El jabón de tierra era producido por la familia con sus propias manos, usando materiales caseros o del entorno inmediato con el cual esa gente industriosa vivía en compenetración, sacando de él las esencias que sustentaban la vida. Consumidores directos de las materias que proporcionaba su universo natural, y transformadores directos de los desechos de su propia industria. Pocos insumos venían de fuera del universo perijanero. Y eso mismo hacían con su alimentación, vestido, remedios, herramientas y materiales de trabajo. Imagino que un niño levantado en ese ambiente se formaba como un ser capaz de sobrevivir apegado a su entorno inmediato, o incluso en aislamiento.

Los relatos de los viejos de mi tierra me han hecho imaginar a la Perijá de comienzos del siglo XX como un universo en sí mismo. Había la manera y la necesidad de sobrevivir y progresar en el entorno, con poco contacto con otros ambientes geográficos y humanos. Un viejo de mi tierra me dijo que él estaba seguro de que a principios del siglo XX todavía existieron personas que murieron sin haber conocido a Maracaibo. Esta ciudad era casi el único contacto de Perijá con el resto del mundo, hacia el norte, conocido como es el casi completo aislamiento de la región por sus lados sur y oeste, y su difícil salida por el este. Sin embargo, aún la salida hacia Maracaibo era fatigosa y esforzada, por lo cual me resulta fascinante la historia que me contó Hermenegildo Montero acerca de un hombre llamado Francisco Pirela, a quien apodaban “El Coscorroso”, y quien transitaba por esa ruta en la década de 1920 de una manera muy particular: “…Creo que era de El Moján. Llevaba ganado y cochinos  a pie desde Perijá a Maracaibo. Cojeaba un poco. De regreso, salía a pie de la capital en la madrugada y llegaba a La Villa a las seis de la tarde, donde lo esperaba más gente que a un obispo, porque traía a sus espaldas un saco grande de pan blanco fresco, el cual se vendía de inmediato”. Yo, perijanero del siglo XXI, no puedo dejar de imaginarme a “El Coscorroso” como si fuera el dios Mercurio, con sus pies alados.

A comienzos de los años 30 comenzaron a circular vehículos automotores por los caminos de trillas de Perijá. A mediados de los años 30 comenzó a escucharse la radio,  y en 1941 se inauguró la carretera de Maracaibo a Villa del Rosario. El universo de los perijaneros comenzó a expandirse aceleradamente.

Maracaibo, 4 de junio del 2004

                                                                                                                                                                      

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Acerca de derechodepalabra

Nerio Enrique Romero González: Médico de familia y profesor universitario. Aficionado al estudio de la historia, incursionando en ese campo, investigando y publicando
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5 respuestas a Historia breve de Perijá N° 3 (Parte II)

  1. jose luis romero dijo:

    Felicitaciones nerio gracias por ocuparte de estas historia tan apacionante se las voy a pasar a mis hijos

  2. Diana Casino dijo:

    Lo mismo digo, felicitaciones por este relato tan bello. Este particularmente me toca el alma, pues mi padre participó en la construcción de la carretera de Maracaibo que mencionas al final. Gracias por la historia 🙂

  3. Jose Angel Villasmil Sanchez dijo:

    Buenas noches, señor Nerio. Queria preguntarle que tan apegado a la realidad estaria la obra de Alejandro Garcia Maldonado llamada “Uno de los de Venancio” no se si la ha leido estoy casi seguro de que si… es fascinante y quede muy influenciado por todo lo que cuenta de los sucesos de Perija alrededor de 1870 en el personaje de Miguelito Herrera. Soy de Maracaibo, bisnieto de un hijo de Perija quien lucho bajo el mando de Venancio Pulgar y que murio en Maracaibo en 1961. Mi bisabuelo se llamo Baudilio Gutierrez, era negro bastante alto con una herida de machete en la frente. Mi padre me cuenta que el participo en la quema de la Villa. Y que cuando murio Panorama tituló: Murio el ultimo de los de Venancio. Puede informarme algo al respecto?

    • Hola, José Ángel. Gracias por tu interés en los artículos de mi serie “Historia breve de Perijá”. En cuanto a tu primera pregunta, debemos tomar en cuenta que “Uno de los de Venancio” es una novela, es decir, una obra de ficción. En este caso, basada en relatos sobre hechos reales escuchados por su autor en la Villa del Rosario durante el período en que residió allí. El personaje de Miguelito Herrera es un personaje ficticio, según me dijo a mí un hijo del propio autor. Según he podido saber por sus familiares, García Maldonado conoció a Manuel Matos Romero, quien escribió unas crónicas sobre los hechos ocurridos en Perijá en el tiempo de Venancio Pulgar; es posible, entonces, que la secuencia de hechos que presenta en su excelente novela haya estado influenciada por las crónicas de Matos Romero, y por conversaciones de García Maldonado con el propio Matos Romero y con vecinos de Perijá. Él era de Los Teques, y vino a Maracaibo aproximadamente en 1922. Luego vivió en Perijá (donde se casó con una perijanera de apellido Sandoval) hasta 1932, cuando regresó a Maracaibo y más tarde a Caracas.
      En cuanto a tu bisabuelo Baudilio Gutiérrez, es poco probable en mi opinión que haya participado en la quema de la Villa. Aunque en su entrevista en “Panorama” Baudilio dijo haber nacido en Machiques en 1859, su partida de bautismo registrada en la parroquia de la Villa del Rosario dice que nació el 01-11-1862. Si este último dato fuese cierto, él habría tenido menos de 10 años para junio de 1872, mes en que ocurrió ese acontecimiento.
      Puedes consultar otros datos sobre tu bisabuelo Baudilio en las páginas 88-90 de mi libro “SABANAS DE CORAL. Familia, vida e historia en Perijá” (reimpresión del año 2011)
      ¡Saludos!

      • Josè Àngel Villasmil Sanchez dijo:

        Hola sr Nerio, muchísimas gracias por haberse tomado la molestia de explicarme todo ello. Coincido con usted en cuanto a lo de mi bisabuelo ya que también había sacado la cuenta y por ello su explicación me es mas satisfactoria aun. Me gustaría contactarle en persona ya que soy un apasionado de la historia del Zulia y de Perijá en particular.

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