PODER POPULAR y ECONOMÍA SOCIAL DE MERCADO

NERIO ENRIQUE ROMERO |  EL UNIVERSAL Caracas, Sábado 20 de agosto de 2011

 

Si usted le manifiesta a un comerciante (desde bodeguero a gerente de supermercado) que no encontró en su establecimiento un producto que desea, ¿qué cree usted que pasará?… El comerciante chequeará en sus inventarios y proveedores, y con un 90% de probabilidad, se esforzará por tenerlo en sus anaqueles. Hasta hace poco, cuando  la intromisión excesiva del Gobierno en la economía aún no había afectado a tantas empresas, los cajeros a menudo preguntaban al cliente: “¿Consiguió todo?” y acto seguido anotaban en un cuaderno las “fallas” que éste reportaba. ¿Y que cree usted que pasará cuando el proveedor sepa que un determinado producto está siendo demandado por el(los) cliente(s)? Con el mismo nivel de probabilidad, tratará de conseguirlo con diversos productores, o de producirlo él mismo si se trata de un proveedor-fabricante. Para el comerciante, proveedor o fabricante, sobre todo cuando trabaja en competencia con otros, la  opinión y los deseos del cliente tienen altísimo valor. Conocer, interpretar y satisfacer esa opinión o deseo es la clave de su éxito (de eso, por cierto, viven muchas empresas encuestadoras, y no de las encuestas electorales). En esa relación, propia del sistema de libre empresa y economía social de mercado, el cliente (todos y cada uno por separado) tienen poder.

Si usted le manifiesta a un empleado de Mercal o Pdval la misma falla de ese producto que le interesa adquirir… ¿qué pasará en este caso?… Con el mismo 90% de probabilidad, el empleado torcerá la boca y contestará: “No están despachando”, o quizás no contestará nada, cansado ya de la misma pregunta. ¿Y qué hará el gerente de ese establecimiento? Puede que escriba un oficio a sus superiores, para “cubrirse las espaldas” ¿Queda todavía la posibilidad de quejarse a alguien del consejo comunal?: quizás, pero harán lo mismo. En ambos casos, la probabilidad de obtener una respuesta positiva es muy baja, dependerá de que su demanda coincida con la lenta rutina de despachos desde arriba. Pero no hay una relación directa entre su demanda y el gobierno-comerciante o gobierno-proveedor. Lo que hay entre usted y ese gobierno, es un enjambre de empleados cuyo principal objetivo-deseo no es la venta y la satisfacción del cliente, sino que llegue la hora de salida para marcharse. ¿Cuál es el poder  del cliente en esta relación? Es precario, casi nulo. Sólo cabe una última posibilidad, que sucede a veces cuando se trata de un producto de muy extrema necesidad: grupos de pobladores (como hemos visto) deciden rebelarse, cerrar las puertas de la tienda estatal, exigir la destitución del gerente, y atreverse a denunciar las “cosas” que han visto, entre ellas la salida de productos por la puerta de atrás para ser llevados al mercado negro. Podría haber el caso extremo de que uno de los empleados implicados sea detenido y juzgado… pero ¿le da eso  algún poder al cliente (léase pueblo)? No, porque la situación sigue igual (aunque pueda mejorar por unos días).

Para tener poder en el mercado el pueblo necesita una cadena de productores, proveedores y comerciantes libres, interesados en la opinión y deseos de los clientes, porque de eso dependen sus ventas, y de estas depende su subsistencia y progreso. Eso no pasa en el sistema de producción y comercialización propiedad del Estado. Cuando el Gobierno centraliza las decisiones (y la propiedad) de los medios de producción, distribución y comercialización (como pasa en Cuba y el actual gobierno pretende que sea en Venezuela) la dinámica del comercio depende de políticos, cuyo principal interés no es la venta ni los deseos de los clientes, sino el poder, su posición en el partido, etc. A este sistema se le llamó en la URSS socialismo. Es el sistema en que el pueblo tiene menos poder, porque todas las decisiones las centraliza el Gobierno, y al pueblo (los ciudadanos) no se les permite ser productores, distribuidores y comerciantes libres; ni tampoco verdaderos clientes, sino “personas con acceso a los bienes y servicios” (en el discurso, no en la práctica).

¿Usted se imagina tener que quejarse a través de asambleas, consejos comunales, o ante organismos burocráticos (Defensoría, Indepabis, etc.) para que se abastezca el mercado de productos que usted necesita pero que la alta burocracia del Gobierno no considera “consumo necesario” o no es capaz de hacer producir o distribuir? Allí usted (pueblo-ciudadano) no tiene ningún poder. En la economía social de mercado, en cambio, los ciudadanos (todos y cada uno) nos podemos relacionar todos los días con miles de empresarios libres a quienes interesa producir, distribuir y vender. Y como clientes podemos hacernos oír (sin siquiera levantar la voz) cambiando nuestra preferencia por marcas, productos o establecimientos; y ellos nos van a oír porque lo sienten en sus ventas. Al Gobierno lo  necesitamos para que establezca y vigile normas adecuadas para evitar el monopolio, y para que promueva que cada día haya más productores, distribuidores y vendedores que compitan entre sí. Allí reside una de las fuerzas esenciales del verdadero poder popular.

romeronerio@hotmail.com
@romeronerio

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Acerca de derechodepalabra

Nerio Enrique Romero González: Médico de familia y profesor universitario. Aficionado al estudio de la historia, incursionando en ese campo, investigando y publicando
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