TEATRO DEL ACAPARAMIENTO

NERIO ENRIQUE ROMERO | EL UNIVERSAL (Versión digital) Caracas, Sábado 3 de diciembre de 2011

El alto oficial entró en la escena-almacén, luciendo sus recién estrenados gorra y chaleco casi rojos encima de su reglamentario uniforme verde oliva, y proclamó: “He aquí una prueba de lo dicho por nuestro Jefe Supremo, la burguesía esconde los productos al pueblo para crear la sensación de escasez y desabastecimiento” -caminó tres pasos seguido por cámaras, micrófonos y funcionarios con gorras y chalecos (estos sí) rojos bien rojos, y extendió su brazo hacia una pila de paquetes de harina de maíz: “Esto no se consigue en los abastos y supermercados, se le niega al pueblo con fines inconfesables propios del capitalismo, y está aquí apilado y escondido”. Peeero… ¡ay, nunca falta un pero!, se había colado un periodista cuyo micrófono tenía forma de cubo azul con una letra amarilla, que al observar el modesto tamaño de la pila  preguntó: “Oficial, ¿se ha determinado qué porcentaje del despacho diario de este producto en la ciudad representan estos paquetes?” –y no contento con eso soltó de inmediato otra pregunta: “¿Cuál es su nombre, oficial?” –el alto jerarca, acto casi reflejo mediante, optó por pasar aplanadora a las preguntas:

“Lo que está claro, y estamos demostrando aquí, es que la matriz que la canalla mediática quiere crear sobre la escasez, es una mentira, y que son los capitalistas sin alma, como dice el máximo líder de nuestro gobierno patriótico, los que privan a la gente de lo que le pertenece. En este caso, son unos mercaderes de origen asiático. Nuestra función es la de devolvérselo al pueblo por instrucciones de nuestro comandante supremo” –cuatro o cinco zancadas de sus pulidas botas lo llevaron frente a una pila de paquetes de café: “Aquí está el cafecito matutino que se pretende negar a nuestro pueblo bolivariano, fíjense bien, marca XXXX…” [capital de España]… pero ¡ay, el periodista del cubito azul seguía pegado allí!: “Dígame, oficial, ¿cómo sabe usted que esta modesta cantidad de este producto está aquí escondida, y no simplemente almacenada para ser despachada?”, e insistió (¡Diosss, ¿por qué existirán los periodistas?): “¿Por favor, díganos su nombre, señor oficial” –pero ya el jerarca de gorra y chaleco casi rojos estaba avanzando hacia la escalera que conducía a un segundo piso, seguido de personajes secundarios, tramoyistas, y ¡ay, tres veces ay! de los periodistas y camarógrafos, entre los cuales seguía colado el del cubito azul:

“Y aquí, la prueba definitiva de lo que dice nuestro líder supremo” –dijo ahora levantando con sus dos manos una lata de leche en polvo, como quien levanta un tótem, y señalando unas cajas: “¡Esto es oro blanco!, no por desabastecimiento sino porque la burguesía majunche la acapara para venderla a precios más altos del que dispone nuestro comandante, y la esconde también con fines inconfesables por designios de la derecha internacional” –pero el hombre del cubito azul aprovecha un respiro castrense y repregunta: “Ok, señor oficial, supongamos que estos productos estuviesen escondidos, pero si no hubiera escasez, ¿usted cree que alguien escondería un producto, a costa de dejar de venderlo paralizando su inversión y dejando de obtener su ganancia? –esta pregunta ya era demasiado, para responderla haría falta uno de los galimatías del doctor Giordani, así que nuestro hombre de armas decidió replegarse hacia algunas “certezas” doctrinarias: “Ya le he dicho, joven, lo que todo nuestro pueblo sabe: al capitalismo en su búsqueda de la ganancia no le interesa el pueblo, y se vuelve irracional” –mientras se decía para sus adentros: “¿Me estará viendo el líder único? ¡Creo que me la estoy comiendo!” –entonces remató para terminar con todo aquello, mientras las cámaras de PSUV-TV hacían un paneo (muy cerrado, por supuesto) de los paquetes de productos señalados: “¡Vamos ahora a ir por toda la ciudad a continuar descubriendo, sin descanso, dónde están los alimentos del pueblo!” –y aunque no lo vimos, suponemos que él mismo, o alguno de su séquito, pensando en la próxima función, habrá dicho a los guardias armados: “Mosca con el del micrófono del cubito azul”. Fin de esta escena, baja el telón.

Médico y profesor universitario

romeronerio@hotmail.com

Twitter: @romeronerio

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Acerca de derechodepalabra

Nerio Enrique Romero González: Médico de familia y profesor universitario. Aficionado al estudio de la historia, incursionando en ese campo, investigando y publicando
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