EL SINDROME WINSTON

NERIO ENRIQUE ROMERO GONZÁLEZ / EL UNIVERSAL (Versión digital) Caracas, Sábado 10 de diciembre de 2011

El concierto en La Carlota organizado por el actual gobierno el sábado 3 de diciembre, con motivo de la reunión de la CELAC, fue otra oportunidad para identificar síntomas preocupantes en relación a nuestra salud como pueblo. Una mirada al Twitter esa noche y a la mañana siguiente, podría ser comparada con la auscultación del corazón de nuestra comunidad de ciudadanos connacionales:

Antes del comienzo del concierto, ya se habían desatado los insultos desconsiderados a Winston Vallenilla, desde el momento en que se anunció que sería el animador del evento por invitación del actual gobierno. El hecho de que haya sido figura emblemática del clausurado canal RCTV, y uno de los más decididos críticos de esa acción que terminó de desnudar las pretensiones totalitarias de quien nos gobierna, lo convirtió en blanco de la furia twittera de una parte de nuestra ciudadanía opositora: “Por la plata baila el perro” “Mañana amaneces como Ministro de Cultura” “Cómo te rebajas a adular al tirano, payaso” “Siempre votaste por Chávez y lo ocultaste” y hasta algunas expresiones injuriosas a la madre no reproducibles aquí, como la recientemente legalizada por una juez de la república como fórmula inocente para referirse públicamente al prójimo. Parecía como si lo botáramos de casa: “¡Vete a vivir con Chávez!”

Cuando el joven animador apareció en el escenario lucía presa de la indignación, pronunciando un discurso donde justificaba su presencia allí (algo que comprendo, pero que en mi opinión no necesitaba hacer), con énfasis y energía dignos de los mejores agitadores políticos. Eso desató la segunda descarga twittera: “Cuánto te pagó Chávez para que ahora lo adules” “Eras un hipócrita cuando lloraste por RCTV” “Vallenilla pronuncia encendido discurso chavista”. Los twits de este último tenor me parecieron el colmo de la ceguera y el desprecio por el otro: me puse entonces a mirar con detenimiento el referido discurso, y la verdad para mí es que no hubo una sola palabra de su parte que implicara proselitismo, y menos aún adulancia, hacia el actual y cansón presidente. Eso lo digo aunque no pueda responder, por no conocerlo, de la honestidad presente y futura de este joven.

Pero hubo desde nuestras filas opositoras cosas peores, esta vez dirigidas a los asistentes al concierto: una jovencita, cuyo bello aspecto físico y su apellido llevarían al repartidor nocturno de basura de VTV a denostarla como “mantuanita” o “hijita de papá”, llegó al extremo de preguntar: “¿Cuántos monos habrá en ese concierto?” (todos sabemos que en Venezuela “mono” no es equivalente a “catire”, ¿no?). Esta triste apoteosis twittera, bajo la etiqueta #Winston Vallenilla tendría aún peores momentos, cuando comenzó a comentarse que nuestra hermosa Miss Mundo, Ivian Sarcos, cuya sencillez y conmovedora historia habían llegado a levantar un sentimiento nacional con sabor a vinotinto, se “había declarado chavista”. Como si la participación en concursos de belleza implicara la obligatoriedad de militar en la causa opositora. No sé si es cierto o no el pronunciamiento atribuido a la muchacha, ¿pero no son la libertad de pensamiento y el pluralismo principios esenciales que defendemos frente al proyecto totalitario que se nos ha venido imponiendo? Pero en fin, en la batalla cibernética de esa noche no faltaron las defensas, y ofensas, desde el bando gobiernero: un conocido hombre de los medios, que destila resentimiento, deslizó: “¡Hoy no duermen, disociados escuálidos!: Winston animando el concierto, y ahora resulta que Miss Mundo es chavista”. Debo aceptar que este señor tenía razón en parte, estando la catarata de insultos contra Winston a la vista, pero es bueno recordarle que la palabra “disociado” implica dos partes separadas, y no una. Si existe disociación, habría que hablar de disociados chavistas y disociados opositores. Pero además, duele el uso reiterado de este término para referirse a la oposición por parte de esta persona y por altos jerarcas del gobierno (como el autodenominado Marciano), porque demuestra premeditación en el empeño de dividir a los venezolanos.

En descargo de nuestra preocupación, debemos reconocer la emisión esa noche, en menor número, pero presentes, de muchos mensajes llamando al respeto mutuo. Y el hecho de que ningún dirigente político opositor se hiciera eco de insultos de ningún tipo, que yo sepa. ¿Podría ser de otro modo, cuando una línea estratégica (por necesaria) de la unidad democrática es la reconciliación nacional?. Nos falta mucho, mucho, pero necesitamos persistencia y constancia en posturas democráticas y de respeto: no más desprecio (como llamar “monos” a esa parte de nuestra gente que se identifica con el PSUV), ni más odio y envidia contra quienes progresan por su propio esfuerzo y el de sus familias. Ánimo, Winston, siéntete libre y sé honesto.

Médico y profesor universitario

romeronerio@hotmail.com

Twitter: @romeronerio

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Acerca de derechodepalabra

Nerio Enrique Romero González: Médico de familia y profesor universitario. Aficionado al estudio de la historia, incursionando en ese campo, investigando y publicando
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