Historia breve de Perijá N° 13

Parte del mapa geográfico del Arzobispado de Santa Fe (1799). Archivo Museo Naval, Madrid. (Se destaca las áreas de Perijá y Valledupar, delimitadas por la sierra de Perijá)

EL CAMINO ENTRE PERIJÁ Y EL VALLE DE UPAR (SIGLO 18)

Artículo publicado en la Revista Integración, Año 2012 (Órgano periodístico de la Asociación de Profesionales de Codazzi, APROCODA, Dpto. del Cesar, Colombia)

Los municipios venezolanos de Perijá (en el actual Estado Zulia) y el departamento colombiano del Cesar mantuvieron durante nuestra época colonial (cuando eran parte de las provincias españolas de Maracaibo y Santa Marta, respectivamente) una relación de vecindad cuyas características, extensión y profundidad son relativamente poco conocidas aún, y que constituye un interesante campo para la investigación histórica. Pero sabemos ya, por ejemplo, que antes de la fundación de la Villa del Rosario de Perijá en 1722 (primera fundación española exitosa en la región), existía un camino a través de la Sierra de Perijá entre las dos provincias. Y que el fundador de la villa de Perijá, Don Juan de Chourio, acometió la reapertura de dicho camino a partir de 1728.

En diciembre de 1728, Don Juan de Chourio informa al Rey que estaba “abriendo el camino de la serranía por donde antiguamente se comunicaba aquella provincia [Santa Marta] con ésta [Maracaibo]”, lo cual esperaba concluir en enero de 1729. Agregó que el cura de El Molino le había ayudado a conseguir los indios de los que se valió para abrir el camino, “por la conveniencia propia de tener comunicación con esta ciudad de Maracaybo, que totalmente la tienen impedida por la parte del Río del Hacha” (1) (2) (ver Mapa anexo). Más tarde, en 1730, Chourio informó al monarca:

“… haverse hecho penetrables aquellas montañas [de la Sierra de Perijá] con camino que ha abierto… a mucho dispendio, y que tenía cerrado (más ha de veinte años) la misma libertad licenciosa de los Indios que allí vivían, el qual pasa a la otra parte de Santa Martha con que se comunican los Españoles que allí ay, y se trafican quedando ya casi cercada la espessura y facilitada la rehunión de los Indios que con este mismo conocimiento se agregan ya como expone en… Certificación adjunta el Religioso Misionero de Santa Martha, de hecho propio, por haver venido por el expressado camino a su Capítulo y hecho mansión de diez días en Perijá, donde por intérprete predicó…” (3)

Según expresó en 1728 Don Juan de Inciarte, Chourio había enviado a la provincia de Santa Marta a un vecino de Maracaibo llamado Diego Gutiérrez, “… con bastante porción de caudal, para que trajese dichos indios y abriesen un camino… para la comunicación de la provincia, la de Santa Martha, Cartagena y Nuevo Reino de Granada, que antiguamente se traficaban por dichas tierras de Perijá…” (1) (4).

De la existencia de dicho camino, y de las hostilidades de los indígenas que impedían su tráfico, hemos encontrado referencias más antiguas que las ya citadas. En dos autos expedidos en 1657 por el Maestre de Campo Miguel Jorge Chacín (gobernador de las armas de Maracaibo), se expresa que el riesgo que representaban los indios coyamos, a los que calificaba como los más belicosos y circunvecinos a las sabanas de los macuaes, y que refiere habitaban en el camino del Valle de Upar, tenía cerrado el tráfico entre dicho valle y la ciudad de Maracaibo. Chacín resalta la importancia de ese camino, al expresar que por él venían a Maracaibo los situados de Santo Domingo y Fuerza de Araya (Cumaná), y transitaba el comercio con Santa Marta, Cartagena y otras partes (1) (5). El historiador colombiano José Francisco Socarrás afirma, apoyado en otros autores, que el rumbo de este camino debió ser el mismo que usó en 1531 Ambrosio Alfínger para pasar de Maracaibo al Valle de Upar en su conocida expedición, y que era una ruta generalmente usada por los indios (6).

En otro informe al Rey, fechado en junio de 1730, Don Juan de Chourio da cuenta con entusiasmo de los éxitos obtenidos en la relación con los indios de Perijá, y pondera las ventajas que traería para la provincia de Maracaibo la reapertura (ya conseguida) del camino entre Perijá y el Valle de Upar. Apoya la veracidad de estos hechos con declaraciones de Fray Silvestre de Lavata, misionero capuchino que había transitado dicho camino poco tiempo antes (1) (7).

En junio de 1730, Fray Joseph de Soria informa también la apertura de dicha senda en carta que escribió en Maracaibo al Rey, refrendada por los religiosos de la misión capuchina de Santa Marta y Maracaibo. Explicaba las favorables condiciones que veían entonces para la evangelización de los indígenas de Perijá, las cuales atribuían a los esfuerzos de Chourio, quien con “constancia y cariño para con los indios” había logrado “vencer los imposibles que hasta lo presente lo han sido a todos cuantos han intentado la fundación de estas tierras” (1) (8). Solicitaba agregar a su misión las tierras de Perijá, argumentando que éstas eran contiguas a las de la Sierra Nevada de Santa Marta, en donde tenían pueblos de misión, y que ambas regiones podían ahora tener comunicación gracias a la reapertura del camino a través de la Sierra de Perijá. Expresa que éste era un Camino Real antiguo, y especifica que conducía desde el Valle de Upar hasta Perijá, saliendo del pueblo de El Molino, en jurisdicción de la provincia de Santa Marta, y conduciendo a Perijá en la provincia de Maracaibo, y que era muy de la conveniencia de los misioneros capuchinos valencianos, que tenían fundaciones en ambas provincias. Debía ser muy importante para ellos, tomando en cuenta que la otra vía existente, el camino entre Maracaibo y Río de Hacha, se encontraba casi completamente bloqueado desde hacía varios años por las hostilidades de la etnia guajira (1) (2) (8 (9). Según Ruddle y Wilbert, quienes citan a autores del siglo XIX y XX, este camino era un escarpado sendero a través de las altas serranías, que desde El Molino conducía a las tierras bajas del lago de Maracaibo; según ellos, su ruta discurría a lo largo del río Palmar, seguía luego por uno de sus ríos tributarios (el Tosas o el Lajas), subiendo hasta su nacimiento, para después descender sin dificultad dentro del actual territorio colombiano. Agregan dichos autores que en 1821, después de la independencia, los capuchinos tuvieron que poner fin a sus actividades misioneras en la zona, y al retirarse la mayoría de los indios a las montañas, el camino se interrumpió definitivamente (1) (10).

REFERENCIAS:

1) Romero González, Nerio Enrique. Fundadores en Perijá. Mestizos, migrantes y guerreros. Maracaibo, Venezuela, 2009. pp.153-157 y 170-171

2) Peña Vargas, Ana Cecilia. Nuestra Señora del Rosario de Perijá. Documentos para su Historia 1722-1818. Serie Fuentes para la Historia Colonial de Venezuela, Vol. 239-241. Biblioteca de la Academia Nacional de la Historia. Caracas, 1998. Tomo I, p.380

3) Ídem, Tomo I, pp.403-406

4) Laurenz, Marcelino. La Villa de Nuestra Señora del Rosario de Perijá. Fundación, Pacificación. Venezuela, 2005. p.66

5) Archivo General de la Nación, Venezuela. Índice Sección Encomiendas, Tomo XLI, pp.21-22

6) Socarrás, José Francisco. Apuntes sobre la historia de Valledupar. Plaza y Janés editores. Bogota, 2000. p.274

7) Peña Vargas, Ana Cecilia. Nuestra Señora del Rosario de Perijá. Documentos para su Historia 1722-1818. Obra citada. Tomo I, p.399-406

8) Peña Vargas, Ana Cecilia. Misiones Capuchinas en Perijá. Documentos para su Historia 1682-1819. Serie Fuentes para la Historia Colonial de Venezuela, Vol. 228. Biblioteca de la Academia Nacional de la Historia. Caracas, 1995. Tomo I, pp.196-200

9) Alcácer, Fray Antonio de. Las Misiones Capuchinas en el Nuevo Reino de Granada, hoy Colombia (1648-1820). Ediciones Seminario Seráfico Misional Capuchino. Bogotá, 1959. p.172

10)  Ruddle, Kenneth y Wilbert, Johannes. Los Yukpa. Monografía Nº 29, en Los Aborígenes de Venezuela. Editor general: Walter Coppens. Fundación La Salle de Ciencias Naturales. Instituto Caribe de Antropología y Sociología. Caracas, 1983. p.46

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Acerca de derechodepalabra

Nerio Enrique Romero González: Médico de familia y profesor universitario. Aficionado al estudio de la historia, incursionando en ese campo, investigando y publicando
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