El Plan B democrático

NERIO ENRIQUE ROMERO / EL UNIVERSAL (Versión digital)Caracas, jueves 11 de octubre del 2012

Quien participa en un proceso electoral democrático, aunque sea optimista respecto a los posibles resultados, debe tener un plan B democrático para el caso de una derrota. Eso aplica a todas las opciones, y por supuesto, a la alternativa democrática representada el 7-O por Henrique Capriles. Nuestras esperanzas y las elevadas probabilidades de triunfo no nos eximían del deber de tener un plan B democrático. Deber aún más acuciante en nuestro caso, porque sin dicho plan, la derrota podría desmoralizar a las fuerzas democráticas frente a un proyecto totalitario como el de Chávez. Permítaseme analizar seis buenas razones que obligan a tener ese plan B democrático:

1) Pasado el 7-O, las fuerzas de la alternativa democrática deben prepararse de inmediato para dos retos electorales: las elecciones regionales (16-D)  y locales (abril). Permitir la desmoralización podría ocasionar pérdidas adicionales en alcaldías y gobernaciones. La pérdida de la elección del 7-O hay que asumirla como un estímulo para la lucha. La victoria de Chávez no fue por nocaut (como hubiese convenido a sus aspiraciones hegemónicas) sino por decisión dividida, lo cual le da un cierto sabor a victoria pírrica.

2) Los sectores más radicales del chavismo, con el propio Chávez a la cabeza, podrían considerar su victoria como un permiso para tomar iniciativas políticas y económicas guiados por su ilusión de que podrían hacer irreversible su hegemonía, lo cual podría incluir rupturas constitucionales mayores. En ese caso, la oposición democrática debe tener la fuerza y el tino suficientes para defender la constitución y varios de sus principios básicos: pluralismo, alternabilidad, descentralización, derecho a la libre expresión, a la propiedad y a la libre asociación, por ejemplo. El continuismo no debe encontrar a las fuerzas democráticas de hombros y brazos caídos, desmotivada por los resultados del 7-O.

3) El país no pertenece a quien gane las elecciones, ni siquiera obteniendo el 80%  o más de los votos. El continuismo obtuvo sólo el 55% (8% menos que en 2006) y en una democracia hay que defender la posición del 45% restante. Algunos periodistas, y políticos interesados,  podrían llamar a eso “arrase”. Pero socialmente ese no es el caso porque casi la mitad de la gente se expresó contra el proyecto político que ostenta el poder.

4) Hay que estar preparado para las eventualidades que puede deparar a corto plazo la salud del actual presidente. Una eventual falta absoluta por problemas de salud obligaría a nuevas elecciones, de las cuales Henrique Capriles sería casi seguro ganador. ¿Intentaría en ese caso el PSUV desconocer la constitución para evitarlas? Si ese fuera el caso, hará falta que  las fuerzas políticas y sociales democráticas tengan la moral y determinación suficientes para imponer el cumplimiento de la norma.

5) Como dice Vladimir Villegas, el proyecto autoritario chavista está acercándose a su final. ¿A corto o mediano plazo?, no sabemos. Pero el evidente fracaso de su gestión pública, y las graves consecuencias de sus políticas económicas son incompatibles con un futuro político auspicioso. Por eso esta victoria chavista del 7-O no es más que una bocanada de oxígeno para un proyecto de sociedad que parece estar entrando en etapa terminal. ¿Vamos los venezolanos amantes de la libertad a bajar los brazos y a entregar a un régimen en decadencia moral, social y hasta biológica los resortes políticos y sociales que no ha podido aún controlar? La respuesta es que no, obviamente.

6) Durante el próximo período, el régimen chavista está obligado por la constitución a una renovación de los poderes públicos que hasta ahora ha controlado sin dificultad (contraloría y fiscalía general, defensoría del pueblo y CNE). Pero esta vez no tendrá los dos tercios de la Asamblea Nacional para imponer los nombramientos de sus incondicionales. Esta es otra razón para vacunar a la alternativa democrática contra el desaliento: las fuerzas políticas y sociales democráticas tenemos el deber de forzar al PSUV a cumplir lo que ordena la constitución, para lograr la recomposición de dichas instituciones bajo el signo del equilibrio. ¿Ilusiones? No, es algo que hay que hacer.

Tener un plan B realista y democrático es una obligación, y el mantenimiento de la unidad democrática es su primer y más esencial elemento. La democracia, para existir, exige determinación y persistencia en la defensa de las libertades, aún en las peores circunstancias. Las fuerzas de la alternativa democrática deben estar de pie de inmediato para una dura lucha política. Los líderes de ella deberán ayudar a la gente a reponerse de su natural tristeza, y demostrar ahora la madurez, claridad y fuerza necesarias, ¿la tendrán? Bueno, ya sabemos que muchos de ellos sí, como lo ha demostrado, especialmente, Henrique Capriles.

* Blog: https://derechodepalabra.wordpress.com

Twitter: @romeronerio

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Acerca de derechodepalabra

Nerio Enrique Romero González: Médico de familia y profesor universitario. Aficionado al estudio de la historia, incursionando en ese campo, investigando y publicando
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Una respuesta a El Plan B democrático

  1. matoya corona dijo:

    Hola primo. Quiero darte una vez mas las gracias por tan interesantes articulos.
    En cuanto al plan B no se que decirte;considero que estamos en un letargoo idiotizados que no reaccionamos al tipo de gobierno que estamos enfrentando somos muy inocentes ante tanto descaro y malandrismo

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