CONSTITUYENTE, PRIVILEGIOS y RENTA PETROLERA

Nerio E. Romero* 

(Publicado en el diario La Verdad. Maracaibo, sábado 5 de diciembre de 1998)

 

Nota preliminar del 23-2-2014:

[Este artículo fue publicado el día previo a la elección de Hugo Chávez como presidente de Venezuela por primera vez. Refleja parte de nuestras inquietudes del momento, aunque el énfasis está en la inconveniencia de promover una Asamblea Constituyente en aquel momento y contexto. Algunas de nuestras preocupaciones resultaron ser bien fundadas, y en realidad hubo consecuencias aún peores como el reeleccionismo y la desinstitucionalización de la fuerza armada. ¿Qué piensa Ud.?]

 

En cualquier familia o comunidad la existencia de normas básicas es una de las garantías de convivencia. Cuando surgen desacuerdos, dichas normas funcionan como elementos de contención para las posiciones divergentes. Por lo general, la existencia de desacuerdos no conduce, en una familia o comunidad funcional, a la supresión de las normas principales. Podrían conducir a flexibilizar posiciones o cambiar pautas específicas a través del acuerdo o la presión, pero no a cambiar las normas básicas del juego. También en una sociedad democrática, las reglas básicas consagradas en la Constitución son en última instancia las pautas a seguir por sectores en conflicto, por lo cual es recomendable que dichas normas estén por encima de mayorías políticas circunstanciales. No es lo mismo que una alianza política victoriosa cambie leyes y reglamentos en aspectos específicos de la política del Estado, a que cambie las normas básicas establecidas en la Constitución. Los cambios constitucionales en una sociedad democrática deben seguir un proceso exigente y en lo posible, ser consensuales. 

En Venezuela, existen conflictos sociales de suficiente intensidad y duración que han puesto en jaque a las mayorías políticas tradicionales, con la insurgencia de nuevas fuerzas. En particular hay dos fenómenos que afectan la vida de todos y ocasionan serios conflictos: por un lado, los cambios ocasionados en la esfera económica, financiera y comercial por la tendencia a la globalización económica; y por otro, la feroz lucha por los recursos económicos que administra el Estado, provenientes en su mayor parte de la renta petrolera, y menguados por las razones que todos conocemos. Estos dos fenómenos determinan buena parte de la conflictividad política y social que vivimos actualmente, y en mi opinión hacen que sea poco conveniente sustituir la actual Constitución por una surgida de una hipotética asamblea constituyente. Damos a continuación algunos ejemplos de los que podrían ser indeseables resultados de una constituyente convocada en estas condiciones. 

En el terreno económico, es posible que el Estado venezolano salga amarrado por una camisa de fuerza constitucional, como resultado de que algunos sectores económicos poderosos logren traducir en norma constitucional privilegios que han tenido y continúan aspirando tener. ¿Un ejemplo?: las distintas formas de proteccionismo industrial, agrícola y comercial. La inconveniencia de este hipotético resultado, muy probable en el ambiente actual, cargado de verborrea patriotera, es que en el mundo contemporáneo nuestro país necesita políticas económicas flexibles y racionales, y no dogmas que nos dejen sin capacidad de respuesta ante la cambiante realidad de hoy. En mi opinión, en caso de una asamblea constituyente o una reforma constitucional, el tema económico no debe estar en discusión; así evitaríamos salir ataviados con una camisa de fuerza indeseable, sea ésta populista, proteccionista o neoliberal. 

En el terreno fiscal, el riesgo no es menor. La burocracia estatal, que tiene la capacidad para pasar muchos días en la calle protestando sin que por ello se le descuente un solo día de sueldo, llevará una de las voces cantantes. Ese monstruo creado por el estatismo y el clientelismo político estará allí haciendo ruido, para asegurarse su tajada mientras el país productivo está ocupado trabajando. ¿Un ejemplo?: van a abundar propuestas, como porcentajes fijos del PIB para diversos sectores, homologación e indexación de salarios, conversión de privilegios sindicales y contratos colectivos irracionales en normas legales, y sobre todo, trabas constitucionales para la necesaria reforma de la seguridad social y el sector salud. Los saludables vientos de cambio que soplan en el área laboral y de la seguridad social encontrarán un formidable obstáculo en los grupos políticos, sindicales y gremiales que medran a la sombra del Estado, los cuales se aliarán con la demagogia de la probable coalición ganadora, que estará ansiosa por demostrar su consecuencia con algunas mal llamadas causas populares.

Si bien es cierto que nuestra Constitución requiere reforma urgentes que hagan más transparentes las reglas del juego político (referéndum revocatorio, reforma del poder judicial, por ejemplo), así como avances hacia la descentralización (hacienda pública regional) no es menos cierto que poner todas las normas constitucionales actuales en el asador de una constituyente, elegida en el clímax del malestar social al que nos ha conducido el agravamiento de la situación económica, augura pobres resultados. Podrían éstos ser: imposición de privilegios económicos como el proteccionismo, aseguramiento de la estructura clientelar de la burocracia estatal, así como de las cúpulas sindicales y gremiales, apropiamiento de la renta petrolera por grupos de presión, vía subsidios u otro tipo de gasto público, así como retrocesos en la reforma laboral y de la seguridad social. 

A menos que los líderes de las fuerzas políticas emergentes tengan la autoridad y valentía necesarias para hablar con claridad, y circunscriban el proceso de reforma constitucional a la necesaria reforma política, nos esperan muchos dolores de cabeza como resultado de que sobrarán voces para exigir al Estado políticas del tiempo de las vacas gordas en tiempo de vacas flacas. Y cuando lleguemos al inevitable arrepentimiento, ¿convocaremos otra constituyente? 

* Médico y profesor de LUZ

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Acerca de derechodepalabra

Nerio Enrique Romero González: Médico de familia y profesor universitario. Aficionado al estudio de la historia, incursionando en ese campo, investigando y publicando
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