HISTORIA BREVE DE PERIJÁ N° 17

REENCUENTRO DE PERIJANEROS EN SAN IGNACIO (parte I)

Municipios Rosario y Machiques de Perijá (mapa parcial)

Municipios Rosario y Machiques de Perijá, Estado Zulia (mapa parcial)

 (Discurso de Orden de Nerio Enrique Romero en la Sesión Solemne del Concejo Municipal de Rosario de Perijá con motivo de declarar el Reencuentro de Perijaneros en San Ignacio como Patrimonio Cultural del Municipio, y de entregar la Orden “Sixto Zambrano” a varios ciudadanos del municipio. San Ignacio, Sábado 2 de agosto del 2014)

     “En julio de 1746 murió el Rey de España Felipe V, sucediéndole su hijo Fernando VI; y ese año asumió la gobernación de la provincia de Maracaibo el Teniente Coronel Francisco Miguel Collado, cargo para el cual fue designado en 1744. En Perijá, Don Juan Francisco Xedler de Inciarte asumió como Teniente de Justicia Mayor y Comandante de Armas, designado por Don Juan de Chourio con aprobación del gobernador de la provincia, cargo que sabemos estuvo ejerciendo al menos hasta 1751, cuando Chourio llegó a proponerlo como sucesor, en el caso de su muerte, en las obligaciones y privilegios como Cabo principal de la fundación de Perijá. Entre ellos, el de ser ensalzado con el título y honor de Marqués cuando se declarase cumplida su obligación como fundador. Al explicar los méritos de Xedler, Chourio afirmó que había sido “uno de los principales fundadores y pobladores de la expresada villa”.

     “Xedler de Inciarte fue un personaje importante de Maracaibo, como lo atestigua el hecho de haber sido Alcalde ordinario de esa ciudad al menos en una ocasión, que sepamos, en 1728. En 1757 en su testamento Juan de Chourio expresa estar agradecido de él por haberle cedido sin llevarle cuenta una casa de su propiedad en Maracaibo, en la cual vivió el fundador desde 1723 hasta su muerte ese año, en agradecimiento a lo cual se hizo cargo de una deuda de 3000 pesos que Xedler tenía con otro vecino; y además legó a cada uno de sus cuatro hijos 1000 pesos de plata, en obsequio del cariño que les tenía y la amistad que le unió a su padre. Por ese testamento sabemos que Xedler murió antes que Chourio, y quizás esa fue la razón por la cual éste designó como heredero de su título de Cabo principal de la pacificación y fundación de Perijá a Don Manuel García de la Peña. Como ya se ha dicho, en 1751 Chourio propuso al Rey designase a Xedler como su heredero en ese cargo.

     “Don Juan Xedler de Inciarte debe haber sido el “Don Juan de Inciarte” que el gobernador Torreyro mencionó en su informe de 1730 entre las tres personas que estaban fundando hatos en el paraje llamado Curipia, que estaba a “cosa de dos leguas” de la villa vieja, paraje que fue conocido más tarde como el partido de San Ignacio y Curipia. Si esto fuera cierto, como suponemos, podría explicar el origen del nombre del actual pueblo de San Ignacio, si consideramos que el hijo varón de Xedler de Inciarte llevaba el nombre de Juan Ignacio y que Xedler profesaba gran aprecio y amistad por la Compañía de Jesús, cuyo fundador fue San Ignacio de Loyola; según manifestó el propio Xedler, su casa de Maracaibo fue durante muchos años “común hospicio donde vivían y moraban todos los reverendos padres” de dicha compañía cuando transitaban por esa ciudad. Sabemos más ciertamente que tuvo un hato en Perijá, como aparece reportado en el padrón hecho por el gobernador en 1751: “tiene hato de ganados vacunos” además de casa en la villa y 26 esclavos. Una hipótesis plausible es que el hato de Xedler tuviese por nombre San Ignacio (1).

     Estos párrafos pertenecen al libro Fundadores en Perijá. De las razas al gentilicio, de mi autoría, el cual espero poner en las manos de los interesados en la historia de Perijá y el Zulia el próximo mes de septiembre. Juan Xedler de Inciarte, personaje del Maracaibo colonial cuyo primer apellido proviene de la villa castellana de Almagro, en donde se asentó en la época del 1500 su antepasado alemán que le heredó su apellido, fue posiblemente quien determinó que a este lugar entrañable para los perijaneros hoy en día lo conozcamos como San Ignacio.

     Pocos lugares podrían ser más apropiados para celebrar el gentilicio perijanero que éste donde nos encontramos. Porque algún sitio muy cercano en estas mismas sabanas fue el elegido por Juan de Chourio y sus acompañantes para establecer el primer asentamiento poblacional hispano en Perijá que logró tener permanencia. Los documentos de la época proporcionan evidencias bastante firmes de que fue en el sitio que hoy ocupa Villa Vieja o en su entorno muy inmediato donde Don Juan de Chourio comenzó a construir la primera Villa del Rosario. La relación de distancias con el río Apón, el paraje de San Juan y el río Palmar que aparece en esos documentos constituye, en mi opinión, evidencia concluyente al respecto. Es posible que las ruinas que según el testimonio oral de ancianos nuestros existían en el lugar que fue conocido como el Bosque de las casas, que según esos testimonios estuvo a cosa de un kilómetro de Villa Vieja saliendo hacia Sartenejo, hayan sido los vestigios de esa primera villa construida a partir de 1724. Es muy posible que parte de esas ruinas permanezcan allí, enterradas por el tiempo. También por esos documentos sabemos que en otro lugar muy cercano, a la orilla del Apón, estableció Chourio en esos años buenas labranzas de plátano, maíz y caña además de un trapiche que pronto empezaron a proporcionar elementos de subsistencia a los pioneros de Perijá y hasta a la ciudad de Maracaibo. Y que la existencia de estas labranzas facilitó que en otro lugar cercano se fundase en 1735 San Francisco de Apón, uno de los primeros pueblos de misión a cargo de los frailes capuchinos valencianos, y se establecieran allí varias familias de indios coyamos, uno de los grupos antepasados de nuestros actuales yukpas. Sabemos, claro está, que la interacción hostil que entonces existía con los indígenas motilones (antepasados de nuestros actuales barís) hizo muy riesgosa y precaria la existencia en la primera Villa del Rosario y en San Francisco de Apón. Para 1738 este pueblo misional fue abandonado, y en 1740 la villa de españoles comenzó su mudanza al sitio conocido entonces como Operapán, que es donde se asienta hoy la Villa del Rosario.

     El paraje que en ese tiempo fue conocido como partido de San Ignacio y Curipia fue, junto con el de San Juan, asiento de los primeros hatos de ganado de los que tengamos información en Perijá al sur del río Palmar y al norte del Apón. Se establecieron, como hemos dicho, a partir de 1724. Sabemos de la existencia anterior en Perijá durante el siglo XVII de muy escasas explotaciones agrícolas operadas bajo el sistema de encomiendas, y del pastoreo de ganados pertenecientes a vecinos de Maracaibo, lo cual hace muy probable la existencia de hatos en tiempos más remotos. Sin embargo, esos asentamientos no lograron tener permanencia y es muy probable, en nuestra opinión, que estuviesen ubicados más al norte, quizás incluso al norte del río Palmar. Fueron estas sabanas y las de San Juan las que dieron asiento a los primeros hatos de ganado que lograron permanecer desde que comenzó el poblamiento hispano de Perijá.

     Fueron también estas sabanas durante un tiempo considerable el límite en que se contenía el poblamiento del Perijá que conocemos hoy en día, que comenzó con la empresa fundadora emprendida por Don Juan de Chourio en 1723. Y cuando ese poblamiento se extendió a las tierras del sur del río Apón, San Ignacio y sus pueblos vecinos se convirtieron en la puerta principal entre el Perijá que ya se había consolidado (hoy en día el municipio Rosario) y el que se extendía hacia el sur (el actual municipio Machiques). Permítaseme evocar esta noche algunas de las memorias que compartieron conmigo Hermenegildo Montero y otros ancianos de nuestra tierra, que están recogidas en Sabanas de Coral. Familia, vida e historia en Perijá, y que corresponden a la primera mitad del pasado siglo 20:

     “En dirección suroeste de la plaza Bolívar [de la Villa del Rosario] estaba el punto donde comenzaba el camino. Era conocido como El Cují de los Muertos, porque allí llegaban las comitivas fúnebres que venían de los campos, descargaban los ataúdes de las carretas o de las bestias, e iniciaban su procesión por las calles del pueblo hasta la iglesia. A la sombra de ese cují, los difuntos eran esperados por sus familiares y amigos del pueblo. Estaba ubicado en lo que más tarde sería la esquina de las calles Independencia (también llamada el Pantano) y El Marqués; allí también estaría la sede del INCE (Instituto Nacional de Cooperación Educativa). También por ese punto salía el tendido del telégrafo, que iba hasta Villa Vieja por la misma ruta del antiguo camino, para de allí continuar hasta San José y Machiques. En burro y cargados de corotos… tomaría unas 3 horas llegar a… [Villa Vieja]… a caballo, al pasitrote, se podía llegar en hora y media”…     (continúa)

REFERENCIA: 1) Romero, Nerio Enrique. Fundadores en Perijá. De las razas al gentilicio (obra inédita). Capítulo XII.

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Acerca de derechodepalabra

Nerio Enrique Romero González: Médico de familia y profesor universitario. Aficionado al estudio de la historia, incursionando en ese campo, investigando y publicando
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